“No podemos darnos el lujo de enfrentar la batalla que se avecina de manera dispersa. Tenemos que llegar unidos a la primera vuelta”. Aquel fue el mensaje central que transmitió Alejandro Ordóñez en la convención del Centro Democrático, a la que, junto al exvicepresidente Angelino Garzón, concurrió como invitado especial.

Ordóñez es un hombre cuyo discurso cala en las bases del uribismo, colectividad en la que muchos de sus militantes son, como él, de origen conservador.

No son pocos los electores del uribismo que no entienden porqué no se ha unido al Centro Democrático para pelearle, desde el seno de la colectividad, la designación presidencial a Carlos Holmes Trujillo, Iván Duque, María Guerra y Rafael Nieto Loaiza.

Para nadie es un secreto que Ordóñez, aunque no lo haya oficializado, está fungiendo como aspirante a la presidencia de la República. Habla, actúa, escribe, interviene y hasta posa como candidato.

Pero es un aspirante sin partido. En el conservatismo, no tiene mayor alternativa, puesto que la colectividad azul está casada con el gobierno de Santos, al que el exprocurador fustiga con vehemencia y sólidos argumentos.

Le queda la alternativa de recorrer al país, planilla en mano, recogiendo firmas para inscribirse como candidato independiente. Aquello, en la práctica, resulta costoso y poco eficaz. Los candidatos por firmas tienen desventajas ostensibles frente a quienes aspiran por un partido reconocido y con personería jurídica, como son los anticipos estatales para la financiación de la campaña y los espacios garantizados en los canales oficiales.

Ahora bien. Se da por descontado que el Centro Democrático tendrá que realizar una consulta popular en octubre de este año o en marzo del entrante para escoger allí a su candidato presidencial, dada la multiplicidad de precandidatos que hoy corren en el interior de ese partido.

Durante la convención uribista, de manera insistente el presidente Uribe repitió que los precandidatos deben decidir cuál debe ser el procedimiento para reducir la lista de aspirantes y el mecanismo de elección de quien llegará a la primera vuelta como candidato de su partido.

También, el presidente Uribe se mostró de acuerdo con la tesis de Ordóñez de llegar a la primera vuelta con un candidato de unidad. Expresó que había que invertir los papeles y no presentar al aspirante como el representante de la coalición del NO, sino como abanderado de la coalición del SÍ a la retoma del rumbo que Colombia perdió durante el gobierno de Juan Manuel Santos Calderón.

El tiempo conspira en contra de aquel propósito. Los precandidatos, sin excepción alguna, tienen bajísimos niveles de reconocimiento y por ende registran muy mal en las encuestas de intención de voto. Esa realidad obliga a que la decisión sobre el candidato oficial se tome cuanto antes.

La coalición opositora a Santos no puede darse el lujo de extender la selección de su candidato hasta marzo del año entrante. Primero, porque una precandidatura muy larga resulta desgastante e incita a la polarización entre los grupos que respaldan a los distintos aspirantes y segundo, porque se pierde tiempo precioso que necesariamente debe ser invertido en la consecución de votos en las distintas regiones de Colombia.

La campaña de 2018 será totalmente diferente a las campañas a las que los colombianos están acostumbrados. Los tiempos variarán y las estrategias que históricamente se han utilizado, como la de lanzar al candidato bien avanzado el calendario electoral, deberán reevaluarse por cuenta de factores totalmente novedosos, como son la irrupción en el panorama político de la banda terrorista de las Farc y de la obligación que hay de construir un consenso entre todas las fuerzas opositoras a la coalición santista.

Alejandro Ordóñez es un precandidato con muchas opciones. El cariño que despierta en diferentes sectores de la base conservadora y de la base uribista es un capital político que lo ubica muy bien en el partido. Los aplausos que se oyeron durante su intervención en la convención uribista dan fe de aquello, pero eso no es suficiente. Si quiere competir por la candidatura presidencial, debe superar la indecisión y protocolizar su aspiración para efectos de acordar unas reglas de juego claras y equilibradas que conduzcan a lo que la mayoría de colombianos desea: que la oposición presente en la primera vuelta a un solo candidato presidencial.

@IrreverentesCol

Publicado: mayo 8 de 2017