Colombia vive una agudizada crisis de credibilidad institucional. Tan delicada, que los ciudadanos no ven más salida que la abolición del poder público. Congresistas comprando decisiones de sus jueces y magistrados vendiendo preclusiones, autos inhibitorios y prescripciones. La política colombiana en el escenario ilegitimo en la que los partidos políticos están siendo inferiores a las circunstancias de la coyuntura y los jueces se olvidaron de impartir y administrar justicia con la dosimetría del interés general, cayendo por el interés individual en el malsano contubernio de la corrupción del poder público.  Los grandes medios de comunicación que contribuyeron en una porción a esa crisis, apenas levantándose en procura de recuperar credibilidad, imprimiendo algunas dosis de objetividad. Los colombianos en su mayoría, no ven rumbo cierto y eso desarticula la economía, crea desconfianza a la inversión y abre la ruta a la recesión. Un poder ejecutivo con su estabilidad amenazada por un escándalo de corrupción que traspasa las fronteras: Odebrecht. Y un proceso de paz en la recta final de la dejación de armas, con un acuerdo suscrito e incorporado al ordenamiento jurídico superior, con la arquitectura y estructura constitucional en riesgo. Ese es el foso en el que nos encontramos los colombianos. 

Un ambiente polarizado, que se mantendría y que ya comienza a generar que hasta los ciudadanos que aspiran a la Presidencia de la República no sean respetados en las calles, reflejándose la pérdida de majestuosidad de la institución que ocupara por primera vez el patriota José Miguel Pey. Desde cuando el presidente Juan Manuel Santos se inventó el plebiscito con la leguleyada de ser ese, el instrumento de refrendación, nos metió por su culpa en un camino en el que unos llaman a otros comunistas, castro-chavistas y esos otros advierten los riesgos de la derechización, sin advertir que éste es un país de pasiones, en el que fácilmente una discusión política se resuelve por vías violentas.    

Ojalá la polarización, se convierta en una oportunidad para superar la crisis. Al menos eso observo de la intención que desde los partidos se vislumbra. Definir postulados ideológicos y posiciones frente a la coyuntura. Por ejemplo, de las discusiones quedan identidades y adversidades por temas como la adopción y el concepto de familia, desde lo dogmático y el progresismo. 

Me atrevo a advertir que el liberalismo, no el partido, sino los colombianos de pensamiento liberal, abordarán el camino de la defensa de los acuerdos de La Habana, promoviendo su sostenibilidad. Mientras los conservadores, igualmente hablo de los colombianos de esa línea de pensamiento, mas no del partido por ahora, mantendrán una postura contraria a la implementación de los acuerdos, independientemente de la suerte de las Farc, que como nueva fuerza política, no tendrá otro camino, que ser espectador pasivo y colaborador activo, para desmantelar los frentes disidentes que no se acogieron al acuerdo, para que los Estados Unidos puedan atacar frontalmente las rutas del comercio de cocaína. Soló así se justificaría tanta polarización y daríamos un paso para salir del foso. 

@AlirioMoreno

Publicado: septiembre 26 de 2017