Este año por primera vez en mi vida me enfrenté a una contienda electoral. Sin haber tenido la escuela de pasar primero por un concejo o una asamblea, tuve el honor de hacer parte de la lista al senado con el Centro Democrático. 

Hacer una campaña para el senado buscando exclusivamente votos de opinión es un reto enorme, especialmente en el Atlántico, mi departamento. 

Las malas prácticas electorales nacieron acá y se han venido perfeccionando a medida que pasan los años. El  ex senador Gerlein en una entrevista con Vicky Dávila en la W dijo: “la compra de votos empezó por ser costeña… y se extendió por Colombia”. Lo que Gerlein dijo fue la verdad. Todos lo saben y pocos se atreven a denunciarlo por temor a los poderosos o porque en cierta medida también son partícipes de esas prácticas corruptas o porque saben que en este país denuncian y nada pasa. 

Precisamente por saber a lo que me enfrentaba, decidí marcar la diferencia y hacer la campaña más austera posible. Sólo mandé a hacer unas pocas camisetas, 100 calendarios de bolsillo y 25 microperforados para los automóviles de mi extensa familia. Como no tenía ni una valla publicitaria porque son bastante costosas, especialmente en época electoral, decidí usar mis redes sociales para montar mi plataforma política. A la radio solo me invitaron una vez, a pesar de que toqué muchas puertas. Lo que entendí es que si no eres una personalidad te piden pautas. Por eso solo fui invitada a la emisora de Ventura Díaz, un locutor de mucha tradición en la Costa, que afortunadamente goza de unos principios intactos.  Allí  hablé sobre la necesidad de cambiar las prácticas electorales, porque, en mi teoría, es ahí donde nace la corrupción – el tema de moda -. 

Supongo que muchos de ustedes sabrán que nuestro sistema electoral está especialmente diseñado para que ganen los compradores de votos, por varias razone a las que paso a referirme. La zonificación es el momento en que el comprador de votos hace las listas de sus votantes y “pisa” el negocio con un adelanto. Es como una precompra del voto, razón por la cual la zonificación debe suprimirse. Que las votaciones se hagan un domingo implica que haya carencia de transporte público y  es por eso que los políticos alquilan buses y taxis para transportar a sus votantes. Por ello  sugerí que las elecciones se celebraran en un día (o dos o tres) de entresemana.   Si insisten en que sea un domingo, entonces el transporte público debería ser grátis para los sufragantes. La lista abierta debe suprimirse para poder asegurar que la ley electoral sea igual y obligatoria para todos los actores de la democracia. Y finalmente, mi última sugerencia, que podría ser la más controversial, es que el voto debería ser obligatorio. El voto obligatorio, además de crear una cultura democrática en un país que es históricamente apático, pero especialista en quejarse, imposibilitaría, por razones económicas, la compra de una corporación pública. Si todos estamos obligados a votar, no hay bolsillo corrupto que aguante. 

Gustavo Petro, en lo que considero fue una salida en falso, escribió en su Twitter que en la costa la gente no sale a votar cuando no hay dinero en las urnas. Muchos costeños se sintieron indignados por su comentario, pero no se hicieron la pregunta esencial: ¿será que a eso se le puede atribuir su alta votación en la Costa? El señor Petro se hizo el harakiri con su comentario, al igual que el señor Gerlein que, después de contar de manera jocosa cómo se ganan las elecciones en Colombia, remató diciendo que todos lo hacen menos él. 

PD: nunca me aterró que capturaran a Aida Merlano por corrupción electoral, lo que si me aterró, y aun me aterra, es que no hayan capturado a más políticos por la misma razón. 

 @ANIABELLO_R

Publicado: agosto 31 de 2018