No es nuevo que Gustavo Petro utilice el odio y la promoción de la lucha de clases, de enfrentar y dividir irremediablemente a la sociedad como herramienta política. Como congresista, persiguió y mintió sobre sus opositores. Fue uno de los principales promotores de ese cáncer letal conocido como los falsos testigos. A muchos de ellos, él personalmente les ayudó a conseguir refugio en otros países a cambio de que declararan ante los estrados judiciales lo que se requería para minar la integridad de la coalición que respaldaba al entonces presidente Álvaro Uribe Vélez.

Como alcalde mayor de Bogotá, Petro convirtió a la administración distrital en un escenario ideológico, desplazando el manejo del día a día de la capital a un segundo plano. Lo de él fue la propaganda y la agitación. Para ello, además de fustigar en la plaza pública a políticos y periodistas que se atrevieron a cuestionar su administración, se valió de la televisión pública –Canal Capital-, a la que convirtió, con la ayuda obsecuente del cuestionado Hollman Morris, en un órgano de propaganda.

Como buen demagogo, Petro le dice a su público lo que éste quiere oír. A los campesinos les promete expropiar a los grandes terratenientes para regalarles a ellos la tierra. A los que no tienen acceso al sistema financiero, los llena de odio asegurando que la banca es la mayor expropiadora. A los escépticos de la política, les promete la clausura del Congreso. El de él no es un discurso de “amor” como los petristas pregonan, sino de odio.

Y para que nadie tenga dudas del talante de su campaña y el tono que tendrá un eventual gobierno suyo, seleccionó a una de las personas más agresivas e irresponsables que hay en el escenario político nacional como su fórmula a la vicepresidencia, la representante a la Cámara Ángela María Robledo, quien no ha tenido ningún problema en declarar su admiración por los tiranos venezolanos Hugo Chávez y Nicolás Maduro o en retratarse sonriente con el genocida cabecilla de las Farc, alias Timochenko.

De ganar en las elecciones de este año, Colombia tendrá a una vicepresidenta que ha catalogado al Esmad de la policía como una fuerza “violadora de los derechos humanos [que] atenta impunemente contra la vida e integridad de colombianos inocentes, en su mayoría jóvenes estudiantes, indígenas, campesinos y periodistas independientes”.

Produce temor que nuestro país pueda tener a una vicepresidenta que excusa los crímenes demenciales de las Farc y paralelamente sindica temerariamente a aquellos que se atreven a denunciar aquellas atrocidades. El país no olvida que la señora Robledo irresponsablemente señaló al valiente periodista Herbin Hoyos, de tener un “negocio” con los secuestros en Colombia.

Hoyos, que durante 24 años dirigió un programa de radio desde el que transmitía una voz de aliento a los secuestrados de nuestro país y propendía por su liberación inmediata, fue víctima de un atroz señalamiento de la candidata Robledo quien a través de su cuenta de Twitter lo acusó al decir que “a Herbin Hoyo se le acabó el negocio de la guerra, los secuestros por eso se opone a la paz”.

Así pues, Petro no podía encontrar un mejor perfil para complementar su candidatura presidencial. Si él promueve el odio, Ángela María Robledo no se le queda atrás. Si él es enemigo de la Fuerza Pública, esa misma contra la que atentó durante sus años como miembro de la banda terrorista M-19, su fórmula le puede dar lecciones sobre el particular. Y si él se cree experto en calumniar y mentir sobre sus opositores, es porque aún no ha visto en acción a quien habrá de ser su vicepresidenta en caso de ganar las elecciones de este año.

@IrreverentesCol

Publicado: marzo 20 de 2018