El hecho de que muchos colombianos se vean compelidos a organizar marchas y plantones para hacer respetar el resultado del plebiscito envía un mensaje preocupante: que existe una real y seria posibilidad de que el resultado no se respete.

A pesar de que nuestros procesos electorales siempre han estado plagados por los típicos males de las democracias tercermundistas tales como la zonificación organizada por el cacique local, el mercadito, la bolsa de cemento, el tamal, la teja, y el billete de 50 mil, nunca ha sucedido (hasta donde recuerdo) que el presidente ponga en duda una decisión soberana del pueblo. Todavía menos tratándose de una decisión derivada de un proceso que fue confeccionado a su medida (a la del presidente) para favorecer al “SÍ”, porque nunca estará de más recordar que:

– Bajaron el umbral del 50 al 13%.

– Aunque la pregunta del plebiscito no podía contener la palabra paz, el señor Juan Manuel Santos la incluyó aduciendo que él hacía lo que se le daba la gana.

– No se le otorgó dinero a la campaña del “NO”, mientras que la campaña del “SÍ” parecía la hija del Chapo Guzmán.

– Se prometieron partidas presupuestales y vivienda a cambio de votos.

– Dispusieron del tiempo de funcionarios públicos para hacerle propaganda al “SÍ”.

– Y, a propósito de propagandas, el gobierno obligó a todas las emisoras y canales de televisión a que transmitieran propagandas por el “SÍ” haciéndolas pasar por pedagogía de los acuerdos.

Después de que ganó el “NO”, la reacción inicial de Santos y de Timochenko fue esperanzadora. Parecían haber entendido su error de no haber tenido en cuenta a un gran porcentaje de la población en las negociaciones.  A los pocos días, Santos se ganó el Nobel e inmediatamente desde La Habana comenzaron a invitar a unas marchas con la consigna “acuerdos ya” para que se implementaran los acuerdos fallidos.

De las reacciones iniciales a la victoria del “NO” por parte de un ojeroso Juan Manuel Santos y un humilde Timochenko, no queda nada.  A medida que pasan los días el lenguaje ha ido cambiando: las ojeras se han desvanecido y la humildad se perdió. Regresaron las inamovibles líneas rojas sobre los puntos más sensibles para todos y, a pesar de que Santos ha dicho que no pretende desconocer el mandato del plebiscito, los constantes intentos fallidos para hacerlo lo desmienten.  Un ejemplo de esto fue la forma desvergonzada como un senador de la U intentó reabrir la votación en aquellas mesas supuestamente afectadas por el huracán Matthew hasta que se dio cuenta de que la suma de todos los votos de esas mesas no daba para impactar el resultado final de la votación.

Por últimas el presidente del senado, Mauricio Lizcano, ha dado una fórmula, que podría apostar va a ser la ganadora. Revivir el “fast track” en el congreso para aprobar de manera expedita unos acuerdos que bien podrían ser en esencia los mismos que los colombianos rechazamos, embellecidos con un poco de pintalabios y rímel para hacerlos pasar por unos acuerdos nuevos. En estricto sentido, cualquier cambio adjetivo que se le haga al acuerdo lo convertiría en un acuerdo nuevo. Así, por ejemplo, si el gobierno decide darle a las Farc 41 emisoras de radio FM, en vez de las 31 inicialmente pactadas, esto equivaldría a un acuerdo nuevo.

Los que votamos por el “NO” hemos estado observando atentamente todos los movimientos del gobierno y sabemos que, aunque Juan Manuel Santos se caracteriza por ser incumplido y traicionero, tiene una línea roja que no va a cruzar: no le va a incumplir ni va a traicionar a las Farc. Si es necesario hacerle conejo al sistema democrático de un país de casi 50 millones de personas para cumplirle a 5.675 terroristas, lo hará.

Para este sábado 29 de octubre se programó la primera de lo que auguro será una serie de marchas y plantones para exigirle a Juan Manuel Santos que no le haga conejo a la democracia colombiana. Los asistentes van a advertirle a Santos que están vigilantes. Que no le permitirán que los trate de ignorantes o engañados como viene haciéndolo en su versión nada original de Aló Presidente todos los días antes o durante la emisión del noticiero de las 7 pm. Que recuerde que la abstención en el plebiscito incluía a personas que tenían la intención de votar por el “NO” luego, que no piense que solo está tratando con 6.430.604 personas. Que, si desconoce un proceso electoral fruto de su propio invento, estaría abriendo la puerta para que más adelante futuros mandatarios hagan exactamente lo mismo. Las marchas y plantones también tienen como objetivo que Santos rinda cuenta del mal manejo de la economía que obliga la implementación de una reforma tributaria excesiva.

Colombia es la democracia más antigua del continente, y a pesar de nuestros múltiples problemas y tribulaciones tenemos un profundo respeto por nuestra democracia y nuestras instituciones, las cuales no permitiremos que sean pisoteadas por el mandatario de turno.

@ANIABELLO_R