Lamentablemente y para desgracia de la democracia, la memoria de los colombianos es frágil y con principios de Alzheimer. No ha trascurrido un año y pareciera que olvidamos los resultados históricos del plebiscito del 2 de octubre y que, por convocatoria del gobierno de Juan Manuel Santos, y honrando los mecanismos de participación ciudadana, se convocó a los ciudadanos para aprobar o rechazar en las urnas el acuerdo final de La Habana. Increíble que voceros nacionales del NO entre ellos congresistas y precandidatos presidenciales olvidaran los argumentos de la campaña del NO y que llegaron a ser catalogados de mentirosos por el establecimiento bogotano en el afán mediático y político por enterrar al uribismo y a los aliados que nos congregamos entorno del NO.

No podemos olvidar de ninguna manera, ni por cálculo electoral o por pánico al matoneo mediático, los postulados superiores que nos motivaron a participar en tremenda gesta que, para honrar la verdad, parecía imposible de alcanzar, ganar el plebiscito. La cruzada por el NO nunca fue un propósito electoral, ni político si lo vemos desde el escenario organizativo o estructural, ni menos una defensa de la ideología de extrema derecha como algunos pretendieron mostrarlo. El voto de millones de colombianos por el NO fue la defensa inusual de nuestra Constitución Política, de la Institucionalidad y de la Justicia: que no quede duda en eso.

La misma Corte Constitucional fue la que regló y dejo claridad en materia jurisprudencial de los efectos que tendrían los resultados del plebiscito cualquiera fuera el resultado en las urnas. Todas las actuaciones posteriores a los resultados del plebiscito desde la obra de teatro en el Teatro Colón, la implementación de los acuerdos vía fast track, hasta la irracional Jurisdicción Especial para La Paz (JEP) son ilegítimos y podrán ser modificados o no acatados por el siguiente gobierno. Claridad suficiente en materia constitucional tienen en estos temas los más destacados juristas del País que no están dependiendo ni mendigando favores contractuales o burocráticos para sus familiares del actual gobierno como lo hace con claridad y precisión el doctor Jaime Castro Castro, quien sentenció en el programa de María Jimena Dusan y frente al cínico abogado de las Farc, el español Enrique Santiago Romero: “todo lo ocurrido hasta ahora es política de gobierno no política de Estado”.

Ese afán de parecerse correctamente político y de agradar a los medios de comunicación y opinadores de Bogotá de algunos precandidatos presidenciales los deja en el lugar incorrecto y blanco de señalamientos, dudas y carnicería por parte de sus mismos seguidores. No son las palabras las que nos deben dar miedo o pánico utilizarlas, para traer el aforismo “vamos a volver trizas el acuerdo de La Habana” pronunciado por el exministro Fernando Londoño Hoyos y que generó como todo lo que se dice desde la oposición ruido e “indignación”, lo que nos debe generar pánico y miedo es que hubiéramos matado el tigre y nos estemos asustando con el cuero. Por todo esto es importante tener presente y claro las palabras del precandidato presidencial Alejandro Ordoñez “ganar por ganar no tiene sentido, seriamos los primeros secuestrados de esa alianza de elites, la corrupta que encarga Juan Manuel Santos y la criminal que encarnan las Farc, nos toca meterle la mano al acuerdo”.

@LaureanoTirado

Publicado: agosto 28 de 2017