El proceso de elección del nuevo Fiscal General de la Nación se ha convertido en una suerte de “quién es quién” en la justicia colombiana. En estas semanas de interinidad en el organismo investigador y acusador, se han registrado pulsos intestinos por el poder.

Son muchas las reuniones, las llamadas y los almuerzos que se han organizado en el seno de los diferentes grupos que respaldan las candidaturas de Yesid Reyes y Néstor Humberto Martínez para revisar cómo van los votos. Hasta el momento, la mayoría la tiene el exministro de Cambio Radical, Martínez. Sin embargo, aún no cuenta con los votos suficientes que se requieren para ser designado en el cargo al que está aspirando.

Por su parte, los impulsores de la candidatura de Yesid Reyes se vieron obligados a replantear su estrategia. En un comienzo, afincaron buena parte de sus esperanzas en la alianza que Reyes cerró, a instancias de la exministra María Lorena Gutiérrez, con el exfiscal Montealegre y el vicefiscal Perdomo. Como lo informaron LOS IRREVERENTES, dicho acuerdo partió de la base de que una vez elegido Reyes, éste confirmaría a Perdomo como vicefiscal, alegando que, por cuenta del proceso de paz, es necesario darle continuidad a los procesos iniciados en la era de Montealegre, particularmente los que lleva la denominada unidad de “análisis y contexto”.

El desprestigio de Perdomo

En su artículo “Así va la elección del fiscal”, LOS IRREVERENTES narraron el fuerte llamado de atención que los magistrados de la Sala Penal, Francisco Acuña, Eugenio Fernández y Patricia Salazar le hicieron al doctor Perdomo en su respuesta a una acción de tutela impetrada por su despacho, con la que buscaba reversar la decisión de un juez de liberar a dos exfuncionarias de la Contraloría General de la República.

Palabras más, palabras menos, los magistrados se quejaron por la insolencia y el desafuero del doctor Perdomo, al pretender, vía tutela, desconocer una decisión de un juez de la República, adoptada en derecho y con sujeción al código de procedimiento penal.

Para propios y extraños, en el trasfondo de la providencia de los 3 magistrados, hay un mensaje de la sala Penal –de lejos la más influyente a la hora de elegir al Fiscal General de la Nación- en el sentido de que no quieren más la presencia del dúo Montealegre-Perdomo en la fiscalía. Como le dijo un funcionario de la Corte a LOS IRREVERENTES: “el doctor Montealegre, con su arrogancia, acabó con la posibilidad de que algunos magistrados que veían con buenos ojos la candidatura de Yesid Reyes, quieran votar por él dado el temor que hay de que ratifique a Perdomo en el puesto que hoy tiene”.

Perdomo, por su parte, no ha dado su brazo a torcer. Continúa en campaña permanente por Reyes. Su contacto con la corte lo hace a través del cuestionado exmagistrado Francisco Ricaurte, quien ejerce influencia en la sala civil.

La sala pena de la Corte Suprema ha enviado claros mensajes contra el vicefiscal Perdomo

Pero a finales de la semana pasada, Perdomo volvió a recibir un fuerte golpe en la sala penal. Esta vez, con la designación de una vieja malqueriente suya como magistrada auxiliar de dicha célula del alto tribunal.

La juez Teresita Barrera

En junio de 2014, pocos días antes de que tuviera lugar la segunda vuelta presidencial, la entonces juez 10 del circuito de Bogotá, Teresita Barrera revocó la medida de aseguramiento que días antes otro juez le había impuesto al denominado “hacker” Sepúlveda. Esa decisión de la funcionaria judicial, desató la ira del entonces fiscal Montealegre y sus dos empleados más leales: el vicefiscal Perdomo y el fiscal tercero delegado ante la corte, Juan Vicente Valbuena.

En ese momento, de pleno calor preelectoral, el fiscal Montealegre, como se dice popularmente, confundió los papeles. En una comparecencia ante los medios, el funcionario, visiblemente molesto acusó a la juez Barrera de haber cometido el grave delito de prevaricato: “A pesar de que existen unos interrogatorios donde él (Sepúlveda) acepta la participación en hechos delictivos la señora juez, en forma manifiesta contraria a la ley, desconoció la misma aceptación de participación y de eventual responsabilidad de los hechos por parte de Andrés Sepúlveda”. A renglón seguido, anunció que su leal subalterno, el fiscal Valbuena, iniciaría investigación penal contra la funcionaria judicial.

Perdomo no se quedó atrás en los ataques a la juez Barrera, cuestionando ante los medios de comunicación decisiones soberanas de su despacho. En una oportunidad, insinuó que las investigaciones por el desfalco a la Dirección Nacional de Estupefacientes estaban en riesgo porque la doctora Barrera se estaba demorando en legalizar un principio de oportunidad que la fiscalía había negociado con el polémico exdirector de esa entidad, Omar Figueroa.

Teresita Barrera, designada como conjuez de la sala penal de la Corte Suprema

Los señalamientos públicos desde la fiscalía a la juez Barrera pusieron en grave riesgo su integridad profesional y física. Desde los despachos más importantes de la fiscalía, se dieron a la tarea de cuestionar sistemáticamente las decisiones que esa valerosa juez de la República adoptaba, según su criterio, con apego a las leyes. Resistió con fortaleza los embates de Montealegre y Perdomo. En su momento, le aseguró a un periodista de El Espectador que “todo esto no estuviera pasando si yo confirmo la decisión (de mantener al hacker Sepúlveda privado de la libertad), pero confirmar la decisión equivale a que yo tendría que haber ignorado lo que descubrí en el proceso. Muchas personas optan por la vía fácil, pero yo no soy capaz, porque yo mis principios no los negocio”.

La hora de la recompensa

Precisamente por ser una persona que no negocia sus principios, que no se deja presionar ni influenciar a la hora de impartir justicia en el nombre de la República, hace pocos días la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia tomó la decisión de designar a la doctora Teresita Barrera como conjuez, enviando dos mensajes contundentes. El primero de ellos, que a pesar del matoneo de que esa mujer fue víctima, los magistrados le reconocen su valor y la respaldan exaltándola con tan importante designación. El segundo mensaje, que debe tener muy preocupado al vicefiscal Perdomo y, por esa misma vía al candidato a fiscal Yesid Reyes, es que, por lo menos en la Sala Penal, la hora de Montealegre y Perdomo ya pasó, lo que significa que éste ya no podrá contar con los votos de esos magistrados en su campaña por la Fiscalía General de la Nación.

@IrreverentesCol