Análisis de David Meza Pretelt

Las víctimas del terrorismo, esos seres humanos que han sufrido la guerra de forma directa, esos de los que todos hablan pero que nadie escucha; hoy han sido nuevamente ignorados en la versión reencauchada de los acuerdos y condenados a vivir su dolor en silencio e impunidad.

Ellas están en todos los sectores de la sociedad colombiana, sin dejar de tener en cuenta que las Farc además secuestraron y asesinaron periodistas, contratistas y civiles extranjeros. Esta población que ha padecido el flagelo de la violencia directamente, es parte integral del país y sus consideraciones deberían primar a la hora de hacer la paz.

Definitivamente en el caso de estas negociaciones este no fue el hecho y cuando un conflicto se trata de solucionar con paños de agua tibia, que otorgan más gabelas a los victimarios que garantías a las víctimas, tiende al fracaso.

Hay que partir del irrespeto y desconocimiento del sistema democrático que implica ignorar el resultado del plebiscito en el que la ciudadanía rechazó los acuerdos, primero, añadiendo 13 páginas que no acogieron ni atendieron los cientos de propuestas que llegaron desde diferentes sectores que habían apoyado el NO o habían presentado sus reservas en cuanto a la materia. Parece más bien que le aumentaron el tamaño de letra, le metieron doble espacio para que ocupara más y le volvieron a disparar el “balígrafo”. En materia de contenidos no se reconoce ninguna mejora significativa que atienda las exigencias de las víctimas.

Entre los líderes que han estado acompañando el proceso y formulando aportes se encuentran Herbin Hoyos y Sofía Gaviria, creadores y guías de la Federación de Víctimas de las Farc (Fevcol), quienes han logrado cobijar bajo su organización la mayor cantidad de víctimas de esta guerrilla narcoterrorista, alrededor de 150 mil.

Desde el principio, las verdaderas víctimas del grupo terrorista han visto obstaculizada su participación en el proceso y las veces que se les ha escuchado, lastimosamente poco ha sido tenido en cuenta por parte del gobierno nacional. Basta con recordar que en principio, Fabrizio Hochschild y Alejo Vargas confesaron que la selección de los representantes de las víctimas se hizo basada en los “criterios de la mesa”. De los doce representantes de víctimas que fueron en principio a La Habana, sólo cinco eran víctimas del grupo narcoterrorista Farc.

Es totalmente ilógico e incomprensible llevar a la elaboración de los acuerdos a personas que no fueron víctimas de las Farc.

La guerrilla, en un gesto de burla descarada al pueblo colombiano, que se encuentra obnubilado por los grandes medios sesgados y llenos de pauta estatal (que influye en las decisiones editoriales), decidió, por ejemplo entregar apenas a 13 menores de edad cuando se sabe que un gran porcentaje de sus filas está integrada por niños.

Además de aquellos que son hoy en día menores de edad, están los miles de milicianos guerrilleros que vieron interrumpida su infancia al estar obligados a ingresar a las filas de las Farc, una destrucción masiva de la psique de la infancia rural colombiana que lleva décadas y que no aparece por ningún lado en los acuerdos. Ni siquiera se mencionó este factor en las discusiones, probando que los cabecillas negociaron pensando en ellos mismos y ni siquiera en sus guerrilleros rasos.

La Organización Mundial de la Salud, en el Informe Mundial sobre violencia y salud de 2015, reconoció el maltrato colectivo, social y político que combinado con la pobreza atacan gravemente las mentes de los niños envueltos en la guerra. Las víctimas de desplazamiento forzado, secuestros, asesinatos y todos sus familiares o personas cercanas que se encontrasen en la minoría de edad cuando las respectivas tragedias sucedieron, podrían constituirse como víctimas según esta organización internacional, un hecho que estuvo muy lejos de la realidad en Colombia durante la negociación de los acuerdos.

La violencia contra los niños y niñas fue definida en este estudio como “el uso deliberado de la fuerza o poder, real o en forma de amenaza que tenga o pueda tener como resultado lesiones, daño psicológico, un desarrollo deficiente, privaciones o incluso la muerte”, pero parece ser que la página de la ONU sigue bloqueada en Cuba, porque los criminales y los funcionarios puestos a su servicio por el Gobierno durante el proceso no se percataron del informe.

En el proceso de paz, que tiene mucha más promoción que contenidos en sí, se crearon distintos sofismas de distracción para deslegitimar las posiciones de una población plural tanto en su origen como en su propósito que estuvo respaldando el NO, y aun hoy se resiste a aceptar que le entreguen un premio a quienes han constituido un cáncer para Colombia, a través de las fincas y las curules que con la firma del 24 de noviembre les fueron autorizadas.

Uno de estos, es decir que el pueblo rechazó los acuerdos “engañado” y se trata tal vez de un sofisma peligroso in extremis. Invalida de tajo todas las solicitudes de justicia y reparación e intenta meter en el mismo saco a todos aquellos que se opongan al acuerdo.

Por eso es clave recordar la aclaración hecha por el director de Fevcol Herbin Hoyos, cuando opinó respecto al intento de confundir la opinión internacional que fraguó Santos desde Londres, al decir que los del NO habían llevado a los votantes engañados a las urnas.

Hoyos aclaró que el NO ganó en parte, porque las verdaderas víctimas o al menos un porcentaje representativo, no fueron llevadas a los foros de La Habana donde se elaboraron los acuerdos y además resaltó, coincidiendo con el análisis que hicieron sobre la derrota del plebiscito desde el Comité del Nobel, que el pueblo le había dicho NO a unos acuerdos, más no a la paz como bien supremo.

El “rechazo a la paz” es otro de esos conceptos que han utilizado desde el Gobierno y sus amigos como sofisma de distracción. La condición de paz es un anhelo del ser humano, pero miembros del Gobierno y simpatizantes pre-pagados con mermelada continúan diciendo esa mentira, cuando desde los sectores que no apoyaron ni apoyan hoy en día los acuerdos, nunca se ha escuchado el deseo de regresar a la guerra.

Y así como estos criminales no son capaces de dar la cara a las víctimas, tampoco son capaces de repararlas. Después que Alejandro Ordoñez aún en ejercicio de Procurador recordara al Gobierno que las víctimas debían ser reparadas con recursos de las Farc y no del Estado, como es natural, no hubo avances en la materia dentro de los acuerdos. La realidad es que las víctimas serán resarcidas, si es que eso se llega a dar, con dineros públicos, es decir, la ciudadanía colombiana de bien, obligada a pagar los platos rotos de un grupo criminal narcoterrorista.

El tratamiento a las víctimas ha sido fatal, las denuncias acá presentadas son apenas la punta del iceberg, en materia de víctimas hay tantos temas para resolver que sería incluso necesario hacer un nuevo proceso de paz entre víctimas directas y el actor criminal implicado, pero la realidad política actual les ha cerrado las puertas.

Por eso la lucha debe continuar, un pueblo que respalde a los líderes de los diferentes movimientos y asociaciones de víctimas del país, debe salir a las calles a luchar por la justicia e impedir que sangrientos criminales lleguen a llevar las riendas del país sin el menor esfuerzo. Terroristas que han ganado la posibilidad de hacer la ley a través del dolor y la muerte.

@DMezaPretelt