Las fuerzas militares son la salvaguarda de la democracia. Son tan importantes por ejemplo, que aunque muy cuestionadas en este caso anormal, son las que mantienen a Maduro, y no se ha caído porque lo sostienen y lo protegen.

Hay gran alarma porque el Estado con sus fuerzas militares cumple con su obligación constitucional de proteger la integridad y la seguridad de los colombianos (hasta donde ha llegado el mamertismo, que exigen que las fuerzas militares no lo hagan).

Hay gran alarma porque los operativos militares contra la delincuencia han aumentado, aunque increíblemente no las bajas, las bajas han disminuido (ver recientes estadísticas), lo cual indica el grado de responsabilidad de nuestro ejército con respecto al cumplimiento de los benditos derechos humanos.

En el gobierno Santos nada de eso pasó porque el ejército estaba de brazos caídos, es decir acuartelados y los delincuentes hacían de las suyas, lo demuestra el hecho de pasar de 42.000 hectáreas de coca a 300.000, de 400 toneladas métricas a 1500 toneladas de cocaína producidas, nunca se había producido tanta. Pues no había bajas porqué los delincuentes andaban como “Pedro por su casa”.

Entonces por su puesto el hospital militar estaba vacío, los soldados estaban de vacaciones, había un pacto tácito que por cada mata de coca sembrada los bandidos reducían el delito, es decir, el decrecimiento del delito en tiempos de Santos era directamente proporcional al crecimiento de los cultivos de coca. El dejar hacer era el sostén de una aparente tranquilidad. Es como dejar entrar un ladrón en casa y no hacer nada, en incluso darles la clave de la caja fuerte para que se lleven todo.

Santos con tal de firmar un acuerdo de desarme con la Farc se inventó el cuento con el apoyo de la Corte que el Glifosato mata. Pero a lo que comprobadamente mata  son los millones de niños muertos por sobre dosis en los países consumidores y la destrucción y la violencia intrafamiliar de los hogares colombianos. Más mata a los frondosos bosques colombianos las miles de hectáreas desforestadas para convertirlas en sembradíos de coca. Más mata la compra de conciencia de nuestros jueces con sus veredictos amañados. Más mata a los líderes comunales que se oponen a su cultivo. Es verdaderamente increíble que con tal de estar en desacuerdo con el presidente Uribe Vélez, las gentes de izquierda, generalmente resentida (en muchos casos con razón, pero eso es más culpa del centralismo y la hegemonía bogotana que de otra cosa), encubran a delincuentes que no solo han reclutado y envenenados a nuestros niños con la enorme producción de cocaína, sino que los violan descarnadamente. Hay que oír los testimonios aterradores de las niñas de la Rosa Blanca o de los niños cuando al campamento llegaba alias “El Tornillo”, hoy senador de la república, para despedazarles sus imberbes virginidades.

@rodrigueztorice

Publicado: mayo 23 de 2019