Cualquiera sea la opinión que pueda tenerse acerca de Carlos Alonso Lucio, no cabe desconocer que la lucidez de sus conceptos y sus palabras hacen honor a su apellido, tal como es dable apreciarlo en su reciente intervención en La Barbería de Calderón . El tema de fondo de su conversación con el barbero toca con los gravísimos peligros que acechan a nuestra democracia, patentes no solo en el ámbito interno, sino en el contexto exterior.

Los más graves de ellos se ponen de manifiesto en los proditorios cometidos que animan al Foro de Sao Paulo, bajo la inspiración del gobierno comunista de Cuba, la acción ejecutiva de la dictadura venezolana y la complicidad de quienes hoy controlan a México y Nicaragua.
Nosotros estamos en la mira de esa coalición de facinerosos que aspiran, cual demonios, a arrastrarnos a sus infiernos liberticidas y totalitarios.
Para desgracia nuestra, median circunstancias internas favorables a la penetración de esa fatídica liga.

Lucio considera que la más delicada se configura a partir del frente subversivo que lidera alias Iván Márquez, que no puede verse como una disidencia marginal de las Farc, sino como una reviviscencia de esta vieja organización guerrillera, fortalecida hoy por las más de 200.000 has. de cultivos de coca y el apoyo del Foro de Sao Paulo. Dice Lucio que Márquez es en estos momentos muchísimo más poderoso y, por ende, peligroso, que cuando se iniciaron los diálogos en La Habana.

Media la inquietud acerca de si la división de las Farc entre un partido integrado a la legalidad y unos frentes que la desafían es más aparente que real. La duda se acrecienta cuando se considera que probablemente las Farc no entregaron todo su arsenal y conservaron tanto acá como en Venezuela la mayor parte del mismo, y que muchos de los antiguos combatientes se han reintegrado a las tales disidencias.

Al lado de las mismas hay que considerar además la presencia de un ELN fortalecido y una constelación de bandas criminales, unas de ellas con designios supuestamente políticos y otras más nítidamente vinculadas a actividades criminales relativas al narcotráfico, la minería ilegal, etc., en buena medida bajo la influencia de cárteles mexicanos que, al parecer, gozan del favor o por lo menos de la tolerancia del gobierno de AMLO.
Vastos segmentos de la geografía nacional padecen hoy bajo el imperio de la ilegalidad, incluyendo zonas urbanas dentro de las grandes capitales. Y según el Procurador General de la Nación, por lo menos 300 municipios se encuentran en riesgo electoral por la presencia de todos esos agentes criminales. 

Al lado de este vasto frente de ilegalidad obra una oposición política de la que en parte cabe sospechar que mantiene con el mismo estrechas conexiones. No se trata solo del partido Farc, sino de otras formaciones políticas. Hay una especialmente caracterizada por el radicalismo agresivo de sus dirigentes, la mal llamada Colombia Humana, que desde que perdieron las elecciones presidenciales han venido amenazando con hacer invivible la república, tal como se está viendo en la seguidilla de paros y manifestaciones violentas que han azotado especialmente a Bogotá. Pero otras, como el Partido Verde y el Polo Democrático, hacen parte del Foro de Sao Paulo y, por consiguiente, así no promuevan consignas violentas, de algún modo favorecen sus propósitos.

¿Qué decir de algunos idiotas útiles que medran en partidos como el Liberal, Cambio Radical, la U y hasta el Conservador? Avanzo con estremecimiento en la lectura del libro de Néstor Humberto Martínez , “Las Dos Caras de la Paz”, en el que demuestra de modo incontrovertible la abyección de sus representantes en el Congreso frente a los dictados de las Farc, al votar favorablemente muy discutibles medidas que van más allá de lo estipulado en el NAF, en detrimento de los cometidos de verdad, justicia, reparación y no repetición de crímenes execrables.

El antiduquismo exacerbado lleva a no pocos dirigentes políticos, periodistas, académicos y seudointelectuales a beneficiar, así sea por omisión, los propósitos del Foro de Sao Paulo y sus epígonos.
Todo esto viene a cuento porque en las elecciones del próximo domingo no se trata solo de asuntos regionales y locales, sino de la suerte misma de la democracia colombiana, a la que pese a todos sus protuberantes defectos hay que proteger contra ese siniestro Foro. Y el dique para contenerlo no es otro que el Centro Democrático, que mantiene una posición enhiesta no solo contra ese Foro, sino contra los vicios que distorsionan y desacreditan la institucionalidad. 

Por eso recomiendo votar por Andrés Guerra para la gobernación de Antioquia, Verónica Arango No. 66 para la Asamblea Departamental, Alfredo Ramos Maya para la alcaldía de Medellín y Julio Enrique González Villa No. 10 para el Concejo.

Jesús Vallejo Mejía

Publicado: octubre 24 de 2019