Quería hoy hablar de esas cosas bonitas que le ocurren a gente maravillosa de un país grandioso llamado Colombia. Pensaba dedicar esta columna a los magníficos triunfos que ha tenido en el último mes el deporte colombiano; etapa corta donde los tenistas Cabal y Farah ganaron la final de dobles en Wimbledon.  Por supuesto de Egan Bernal, campeón del Tour de Francia, triunfos que hoy tienen a estos muchachos exhibiendo el tricolor nacional en lo más alto del deporte mundial.

Pero, ocurre que a la par de las cosas buenas, este mes también la tragedia se ensañó con nuestras mujeres, y esta vez, la víctima fue una niña de escasos 13 años, violada y asesinada en San Martín, Meta. Las autoridades dijeron que el cuerpo de la niña fue hallado en bolsas y según la Policía, la menor presentaba signos de abuso sexual.

El reprochable acto, acaecido el sábado pasado deja claras dos cosas: la primera, es que las mujeres y en especial las niñas, siguen llevando la peor parte en esta barbarie. El Instituto de Medicina Legal colombiano reporta 79.334 niñas y adolescentes que presuntamente fueron víctimas de un delito sexual entre 2013 y 2017. La mayoría de ellas, 38.609, tenían entre 10 y 14 años en el momento de la agresión, tal como esta niña de San Martín, violada por alguien que hacía parte de su entorno familiar. Llama la atención en este sentido, que al menos 119 niñas fueron asesinadas dentro de su vivienda, según Medicina Legal, entre 2015 y 2017.

Lo más preocupante del fenómeno de violencia sexual y feminicidio a nuestras mujeres y niñas, es que, aunque las cifras aterran, terminan al final siendo solo eso, estadísticas que van a parar muchas veces a los anaqueles de la impunidad. Estas noticias se nos están volviendo paisaje. Hechos que durante uno o dos días indignan a la sociedad, pero que luego se olvidan porque finalmente “es la constante” según los escépticos. Ahí radica principalmente el peligro, en que hemos perdido nuestra capacidad de asombro ante la infamia, y este es el factor que mas alimenta el caos.

Según el libro Casa de las Estrellas de Javier Naranjo, aunque la Ley las protege y aún cuando hay entidades para la promoción y garantías de sus derechos, y pese a que la sociedad civil y las instituciones religiosas se han organizado para acompañarlas, a pesar de todos los esfuerzos académicos y activistas, ser joven y mujer en Colombia sigue encarnando una enorme soledad.

Finalmente, el éxito de la lucha contra la violencia sexual a mujeres y niñas depende en gran manera de nosotros. Tenemos que mostrarle a los abusadores sexuales y asesinos que nuestras mujeres y niñas no están solas, y el primer paso sin duda debe ser la cadena perpetua.

@JenniferAriasF

Publicado: agosto 1 de 2019