“Es mentira que lo mejor de Colombia sea su gente; al revés, es lo peor. Lo bueno de este país son sus riquezas naturales, que vienen de fábrica. Es mentira también que seamos el país más feliz del mundo; si lo fuéramos, no nos mataríamos cada vez que nos tomamos dos aguardientes”, dice el columnista Adolfo Zableh.

Como quisiera que se viniera a vivir a Cartagena para sentir el caos en su esplendor.

La ciudad y sus habitantes, desde los más encumbrados hasta los más sencillos, nos hemos bazurtizado. Bazurto, la central de abasto más grande de la ciudad, es la muestra palpable de cómo funciona la urbe y sus procedimientos ciudadanos y administrativos: caos, desorden, basuras (que solo es una muestra de la basura mental), invasión no solo del espacio público sino del privado, no hay sistematización, no existe la planeación y mucho menos el rigor para cumplirla, no hay colectivismo, a pesar de ser el cartagenero muy amigable.

Cada quien hace lo que le da la gana, no hay normas que cumplir, no hay sentido de lo comunitario, somos maestros de la improvisación, el facilismo, el ventajismo (el interés personal por encima de todas las cosas), falta de rigor y disciplina no solo personal sino colectiva. 

Estamos completamente atomizados, cada quien es una rueda suelta.

Da la impresión leyendo textos viejos, que todo pasado fue mejor. Tal vez la educación en los colegios públicos y privados ha perdido el conocimiento de los mínimos de cómo se debe vivir en sociedad.

El cartagenero es pésimo ciudadano, no respeta normas, no acata la autoridad, es un infractor natural de los procedimientos comunitarios (incluso hay una especie de satisfacción personal al violarlos).

Somos los más felices pero porque somos irresponsables. Vivimos montados en una nube de felicidad, pero porque no asumimos bien el rol de padres, hijos y buenos ciudadanos.

La ciudad a pesar de sus riquezas naturales, inexplotadas por la falta de concordancia, concertación, disciplina y rigor en los procedimientos, es una de las más pobres de la nación, porque todos, desde el más grande al más chiquito, del  estrato seis al cero, nos hemos bazurtizado. Si no fuera por su belleza física y la magnificencia de su centro histórico hubiésemos desparecido.

La muestra más fehaciente es el fracaso de Transcaribe. Un servicio que propende mejorar la calidad de vida de los cartageneros, sin embargo se desecha. Ha sido tanto la degradación, que los homicidios son cosa de todos los días, lejos estamos cuando el poeta López decía que aquí no se mata una mosca, ni nadie se suicida. No se pueden tomar dos cervezas porque se matan.

Pero lo mejor es que si se pueden desbazurtizar los procesos, para la muestra, un botón, el puerto de Cartagena, funciona como un reloj suizo, es la única excepción a la regla.  ¿Será porque es dirigido por militares?

@GabrielTorices

Publicado: abril 8 de 2021