Como lo dijeron LOS IRREVERENTES a comienzos de semana, la posibilidad de que Santos ganara el Nobel era muy alta.

El Comité Noruego del Nobel decidió otorgarle el premio Nobel de paz a Juan Manuel Santos por sus esfuerzos de paz con los grupos terroristas colombianos, a pesar de que el pueblo colombiano, mayoritariamente, rechazó el contenido de los acuerdos entre él y las Farc en el plebiscito del pasado 2 de octubre.

Ese premio estaba cantado. El gobierno noruego, que tiene control sobre el comité que otorga el Nobel, fue un protagonista de primer nivel durante el proceso de La Habana. Su interés es el de darle la mayor relevancia posible a las negociaciones con las Farc y qué mejor manera de hacerlo que dándole el Nobel de paz a una de las partes de aquellos diálogos. (Puede leer “El tal Nobel puede que sí exista”)

Lo que no se tuvo en cuenta por parte de los señores del comité del Nobel es que el nuevo galardonado desde que asumió la presidencia de la República se ha encargado de perseguir sistemática y calculadamente a la oposición democrática. No puede ser Nobel de paz un hombre que actúa movido por el odio hacia sus adversarios políticos que, valga recordarlo, fueron quienes lo condujeron a la presidencia de la República en 2010.

Hay que reconocer que este Nobel es un respaldo mundial a las políticas pacifistas de Santos que pone a la oposición interna colombiana en un plano muy complejo. Mientras el presidente de los colombianos es aclamado mundialmente, dentro de las fronteras nacionales sus ejecutorias en materia de paz tienen dividida a la sociedad que manifiesta unos niveles de polarización muy elevados.

El proceso de La Habana posiblemente traiga la paz con los 5 mil hombre de las Farc, pero va a desatar un conflicto muy complejo con medio país que votó en contra de que esos criminales queden impunes, puedan ser elegidos en cargos de elección popular y, de paso, lideren una reforma agraria que pone en grave riesgo la propiedad privada rural de Colombia.

Ahora, con su Nobel bajo el brazo, Santos creerá que tiene una patente de corzo e impondrá a las malas los acuerdos que hace unos días fueron rechazados. Y lo hará porque sabe que el mundo entero los respalda.

No hay que soslayar las duras palabras del ministro de Relaciones Exteriores de Noruega, Børge Brende, quien después de conocido el resultado del plebiscito reaccionó diciendo que era inaceptable la respuesta del pueblo colombiano, razón por la que se declaraba “decepcionado”.

El de Santos es un Nobel prefabricado. No es auténtico. Santos no es una persona de paz. Es un calculador de la política. Esta última jugada, debemos reconocerlo, le salió bien.

@IrreverentesCol