Mi voto en el plebiscito será por el No. Pero más que dar a conocer mi decisión, me interesa explicarles a los Colombianos las razones frente a los seis puntos que considero más críticos del acuerdo de La Habana.

  1. Reforma rural. La reforma rural busca un país más equitativo y, por supuesto, no se puede estar en desacuerdo con esto. Pero sí se puede estar en desacuerdo con la Expropiación Administrativa de las tierras que no estén cumpliendo con la función social de la propiedad, o con su utilidad pública, en los términos en los que lo plantea el acuerdo. Sin embargo, la implementación de lo pactado parece imposible para una Colombia que ha sido llevada, por este gobierno, al borde de una crisis económica. Además, que la reforma se haga con los responsables -en parte- del atraso del campo que se pretende reformar, supone un problema de legitimidad.
  1. Participación política. Para muchos era impensable que las Farc fueran a desmovilizarse sin que crearan su partido político. Pero, ¿realmente lo era? Los paramilitares se desmovilizaron y perdieron sus derechos políticos a cambio de penas reducidas. Y eso les pareció suficiente. Ahora molesta que un grupo, que se ha hecho multimillonario por delinquir, reciba $7 mil millones de pesos anuales para su partido. Así mismo, molesta la representación garantizada en Cámara y Senado. Y molesta, sobretodo, que esas 10 curules puedan ser ocupadas por los máximos responsables de crímenes atroces, mientras cumplen sus penas de papel.
  1. Fin del conflicto. Las zonas de verificación, sin la presencia de militares a un kilómetro del perímetro, constituyen una legitimación de un control territorial para las Farc. ¿Por qué no se le adjudicó esta labor a los Cascos Azules, si se quería que la protección de las poblaciones estuviera en manos de un tercero imparcial? Por otra parte, se les entregará a los guerrilleros el 90% de un salario mínimo, durante 2 años; más $2 millones de pesos, por una sola vez, para lo que quieran; y $8 millones de pesos para un proyecto productivo. Es cierto que los desmovilizados necesitan un empujón para volver a la vida civil, pero no es comprensible que el ciento por ciento de esta inversión tenga que estar también en cabeza del Estado.
  1. Solución al problema de las drogas ilícitas. Es irónico que las Farc se comprometan a combatir el flagelo del narcotráfico, cuando ellos se han beneficiado de esta actividad. Sin embargo, es importante que este punto se incluya. Será difícil convencer a algunos campesinos para que sustituyan sus cultivos e implicará una enorme cantidad de recursos que, de nuevo, vendrán de la reforma tributaria que gravará a todos los Colombianos. Espero que la inclusión de este punto implique un compromiso serio de este gobierno con la erradicación de los cultivos, que se han multiplicado por dos en los últimos 6 años.
  1. Jurisdicción Especial para la Paz. Esto es una abominación. Cuando el presidente Santos dice que no habrá impunidad miente descaradamente al pueblo. Quienes confiesen sus crímenes atroces afrontarán “limitaciones a su movilidad”. Una posible limitación podría ser, por ejemplo, no salir del país. Mientras tanto podrán ocupar los puestos que tendrán garantizados en el Congreso. Dicho tribunal bien podría servir, además, para perseguir a los enemigos de las Farc. Serán estos “enemigos” de la guerrilla, los que tendrán que confesar crímenes no cometidos para escapar de las penas de prisión (que irán de 15 a 20 años). Entre tanto, todos los guerrilleros presos hoy, saldrán muy pronto de la cárcel para esperar la amnistía que se les concederá.
  1. Implementación, verificación y refrendación. Se creará la Comisión de seguimiento y verificación. Esta será la máxima autoridad sobre los recursos del posconflicto y estará integrada por tres miembros del Gobierno Nacional y tres miembros de las Farc. Es decir, las Farc tendrán control sobre la manera en la que se invertirán los recursos del posconflicto. Esto es paradójico ya que ellos no han aportado recursos propios para reparar a las víctimas o construir esa paz estable y duradera, a la que se refiere el acuerdo.

Yo creo que es posible una mejor negociación. Y la forma de tenerla es votando NO. No hay que olvidar que este es un acuerdo de 6 mil hombres con 48 millones de Colombianos. No nos traguemos el cuento de que no es posible renegociar. Hay que tener presente que las consecuencias de la implementación del acuerdo tendrán efectos en la historia de nuestro país. Es por eso que los invito a hacer un voto consciente.

 

@Tatacabello