Era evidente que Antanas Mockus estaba legalmente inhabilitado para ser senador. Él y su partido lo sabían. No obstante, decidieron hacerle trampa a las normas electorales con el fin de meterle un número de votos significativo a la lista de los Verdes y así inflar artificialmente el resultado. 

En efecto, Mockus obtuvo más de 540 mil votos, gracias a los cuales su partido aumentó su representación en el Senado, una trampa evidente y reprochable desde todo punto de vista.

Mockus, ese mismo que se enriqueció fabulosamente durante el gobierno de Santos gracias a los multimillonarios contratos que le fueron otorgados a dedo a su fundación Corpovisionarios, es el perfecto ejemplo de aquel farsante que no aplica todo aquello que predica.

Él y los suyos, que se presentan como los abanderados de la lucha contra la corrupción, fueron grandes beneficiarios de la corrupta mermelada santista. Los contratos que su organización recibió durante los 8 años del gobierno anterior suman varias decenas de miles de millones de pesos, sin que se sepa realmente qué se entregó a cambio de dichas erogaciones de dinero. 

Lo cierto es que Santos se dedicó a comprar conciencias y una de las que logró cooptar con la chequera pública fue la del “profesor” Mockus, un voraz contratista que hoy, gracias a la implacable decisión de la justicia, ha perdido la curul que tramposamente obtuvo en las elecciones del año pasado.

Pero la sanción debe trascender al contratista Mockus. Desafortunadamente, no hay una norma que permita recalcular el número de curules de los Verdes, pero lo cierto es que si no hubiera sido por el medio millón de votos que obtuvo el ahora destituido exsenador, esa colectividad no habría obtenido ni la mitad de las 10 curules que hoy ostenta en el Senado de la República. 

La decisión del consejo de Estado rompe una insoportable tradición de impunidad frente a los delitos y trampas llevadas a cabo por los sectores de izquierda, históricamente beneficiados por la más deleznable impunidad. 

Ahora, Mockus, el contratista, el tramposo, el hombre que llegó al senado a sabiendas de que estaba impedido para aspirar, tendrá que abandonar su inmerecida curul y ojalá, en un destello de transparencia y honestidad -esa que tanto cacarean él y sus adláteres- al menos tenga el gesto de devolverle al Estado los sueldos que viene cobrando juiciosamente desde el 20 de julio del año pasado. 

Usando las propias palabras del destituido exparlamentario, queda confirmado que ‘no todo vale”.

@IrreverentesCol

Publicado: abril 11 de 2019