Ha surgido un comunicado ridículo suscrito por los presidentes de las altas cortes, incluida la dirigente de la cuestionada Jurisdicción Especial para la Paz.

En dicha comunicación, los magistrados piden que se confíe “en la acciones de los jueces, quienes toman sus decisiones con rigor y sensatez dentro del orden establecido por la Constitución y la ley…”.

¿Decisiones con rigor? Resulta difícil, por no decir imposible, creer en la firmeza de una justicia en la que operó un cartel delincuencial dirigido por Leonidas Bustos, quien fuera presidente de la sala penal y de la sala plena de la Corte Suprema de Justicia y que hoy es un vulgar prófugo.

Ningún solidez puede esperarse de una justicia que filtra pedazos de los expedientes con el propósito de que los periodistas enemigos del presidente Uribe manipulen a la opinión pública. 

En el comunicado, los presidentes de las cortes alegan que “el sistema judicial, como componente esencial del Estado de Derecho, debe ser respetado en su integridad. Las providencias judiciales tienen instancias legales para ser controvertidas”.

Es el colmo del cinismo que se demande respeto por una rama del poder que se ha convertido en un bazar de mercaderes, donde sus decisiones -cuando no son fruto de transacciones dinerarias- , son adoptadas por motivaciones ideológicas. 

El país no puede olvidar lo sucedido con el narcotraficante alias Jesús Sántrich liberado por presión directa, pública y decidida ante la JEP de Iván Cepeda, quien en la práctica es el jefe natural de las Farc.

Sántrich emprendió la fuga y hoy es uno de los hombres más buscados del mundo. La justicia de los Estados Unidos ofrece una recompensa de $10 millones de dólares por su cabeza. 

El respeto no se impone por decreto. Este se gana e infortunadamente, la justicia colombiana ha hecho todos los méritos para granjearse el mayor de los repudios de la sociedad. 

Es imposible confiar una administración de justicia que, por cuenta de afinidades ideológicas, engaveta investigaciones de un sector político mientras que acelera las que involucran a figuras del uribismo.

Que los magistrados de las altas cortes se ahorren sus lágrimas de cocodrilo y dejen de ser majaderos, reclamando respeto y pidiendo confianza cuando ellos mismos -con sus actuaciones corruptas- son los responsables de que la rama jurisdiccional del poder sea, al decir popular, una cueva de Rolando en la que hace muchos años los debates jurídicos fueron desplazados por las pasiones politiqueras. 

Llama la atención que en el comunicado de marras, los magistrados suscribientes no hubieran exigido el cese de las filtraciones amañadas, filtraciones que han servido para fabricar toda suerte de prejuzgamientos. Si la justicia continúa violando la reserva sumarial, la reacción de quienes confían en la inocencia y honorabilidad del presidente Uribe continuará registrándose. 

El magistrado Reyes, conocido de autos por su cercanía con la extrema izquierda, es el responsable único de la crispación que se está viviendo en la República. Si hubiera llevado el proceso contra el presidente con transparencia y lealtad procesal, sin entregar subrepticiamente pedazos del acervo probatorio, los ánimos jamás se habrían caldeado como ha sucedido.  

No se puede, entonces, confiar en una justicia politizada e irremediablemente corrompida por un sector de operadores que en vez de aplicar la ley, se dedican a violarla. 

@IrreverentesCol

Publicado: agosto 4 de 2020