Es toda una contradicción: esa Colombia que hoy habla de paz, es ese mismo país en el que a las mujeres se les sigue matando por el hecho de ser mujeres. Y es que se maltrata de manera sistemática por cuestiones de género. Lo más grave es que, en ciertos casos, cualquier defensa, cualquier voz que se alce en contra de la discriminación y la violencia, es atacada y menospreciada.

Nuestro país olvida demasiado fácil a sus sujetos de especial protección. Y si bien es verdad que algunos hombres también son víctimas de violencia intrafamiliar, la gran mayoría son mujeres. En efecto, el 6% de los asesinatos en el que la víctima es un hombre, son cometidos por algún miembro de su familia; mientras tanto, casi la mitad de las mujeres que son asesinadas, mueren por causa de su compañero sentimental o algún miembro de su núcleo familiar. Las demás agresiones contra las mujeres siguen la misma proporción. Por eso, la protección a las mujeres y la batalla contra la violencia intrafamiliar están tan estrechamente ligadas, o deben estarlo.

La Organización de Naciones Unidas estima que en el mundo una de cada tres mujeres sufre algún tipo de violencia física o sexual en su vida. Es cierto que la violencia contra la mujer no es un problema exclusivo de nuestro país, pero Colombia es todavía uno de los 25 países donde más feminicidios ocurren.

Por ejemplo, en Colombia una mujer es agredida cada 13 minutos. Un dato igualmente preocupante es que la mayoría de las víctimas son menores de edad, entre los 10 y los 18 años. De ahí que sea nuestra responsabilidad como nación reducir de manera urgente estas cifras, que resultan tan tristes como vergonzantes.

En el caso puntual de Bogotá, la criminalidad ha disminuido en términos generales. Sin embargo, la violencia física de pareja contra las mujeres se incrementó de manera drástica en el primer semestre de este año, con relación al mismo periodo del año anterior. En total, más de 1.000 mujeres han sufrido la violencia de pareja en la capital del país. De por sí, una sola ya es demasiado.

Entre tanto, el incremento de las penas que condenan la violencia intrafamiliar en 2007 y la creación del tipo penal del feminicidio, por virtud de la ley 1761 de 2015, han fallado en su intención de frenar la violencia sistemática contra las mujeres. Nuestras leyes penales están bien enfocadas pero nuestra justicia ineficiente hace imposible que el aumento de las penas desincentive de manera efectiva estos  delitos.

Por eso debemos buscar, por todos los medios, fórmulas viables para generar consciencia. Es imprescindible para nuestro desarrollo como país cambiar nuestra cultura machista y agresiva. La violencia contra las mujeres y las niñas debe para ya. Y esta debe ser una tarea que debe congregar a todos estamentos del país.

 

@Tatacabello