¡Este Gobierno no negocia en medio de la violencia!

Esa debería ser la premisa que toda administración debería tener al momento de lidiar con paros o cualquier otro tipo de manifestación violenta. Y no lo digo como un acto de arrogancia, sino como un aprendizaje del pasado.

Las protestas son algo normal en una democracia. Cuando la derecha está en el poder la izquierda se vuelca a las calles para contrarrestar la actuación de la administración y viceversa. Ese no es un hecho que deba alarmar a los mandatarios y más aún cuando detrás de esto hay un orquestado plan de desestabilización como el que se está viviendo desde la semana pasada en Colombia.

Sin embargo, con frecuencia sucede que a raíz de la presión de las manifestaciones los Presidentes terminan dando su brazo a torcer, como si esa fuera la fórmula mágica para finalizar el caos, cuando, la verdad, es que dicha actuación lo único que logra es oxigenar los desmanes.

En efecto, cuando el Gobierno cede ante la presión el mensaje que le está mandando al País es que entre más paros, manifestaciones, bloqueos o disturbios hagan en su contra -y ojalá con mayor nivel de agresividad-, más rápido saldrán los Ministros a arrodillarse para cumplir a como de lugar lo que buscan los falsos activistas.

Prueba de ello es lo que sucedió el año pasado. A la primera marcha que los “estudiantes” le hicieron al Presidente Duque el Gobierno salió corriendo a trasladar 500mil millones que estaban presupuestados en el sector Hacienda para destinarlos a Educación, lo cual generó que, por gran parte del segundo semestre del 2018, Bogotá se colapsara todos los jueves porque los manifestantes encontraron en la violencia la fórmula mágica para que la administración accediera a sus pretensiones.

Por eso, ¡ante la violencia no se debe negociar ni una sola coma! Bienvenido el diálogo respetuoso y democrático en contextos de normalidad, pero una vez los reclamantes acudan a las vías de hecho como mecanismo de presión a la institucionalidad se debe suspender de inmediato cualquier acercamiento que se haya hecho y proceder con toda la autoridad.

Actuar de manera contraria termina creando el caótico escenario que sucedió en Chile, donde al Presidente Piñera le faltó carácter para combatir la violencia y terminó cediendo a tal punto que un reclamo por el aumento del pasaje del metro terminó convertido en la convocatoria a una Asamlea Constituyente.

¿Realmente el Gobierno debe sentarse a negociar su agenda política con los manifestantes? Por supuesto que no. El País necesita con urgencia la aprobación de la reforma tributaria so pena de afectar la inversión extranjera -que el primer semestre de este año aumentó un 24%- y perjudicar la percepción de las calificadoras internacionales, al igual que se requiere una reforma pensional que apague la bomba de tiempo que significan unas pensiones que, al año, le están significando al Estado más de 40 Billones de pesos.

@LuisFerCruz12

Publicado: noviembre 27 de 2019