Las elecciones del 2018 están cada vez más cerca, todas las fuerzas se están acomodando en la línea de partida y como dicen los venezolanos: “El que se duerme pierde”.

Los movimientos de izquierda han venido haciendo unas movidas importantes. La posible consulta o encuesta entre Claudia López, Sergio Fajardo, Jorge Enrique Robledo y Antonio Navarro tiene dos caras, la primera es que llegarían más fuertes a una eventual primera vuelta, la otra es que vemos a un Fajardo salido de su disfraz y alinderado con la izquierda radical. Acordémonos que ningún comunista confeso ha ganado una elección, ellos nunca se presentan así, se presentan como demócratas para ganar y después viene el calvario. En esta alinderación caben perfectamente más precandidatos como Humberto de la Calle, Gustavo Petro, Piedad Córdoba y, por supuesto, el candidato que al final definan las Farc. Una persona de ideología de centro no se puede sentir cómoda con un maoísta y un chavista, con personas que denigran de la empresa y la propiedad privada y que su único plan de gobierno se basa en subsidios y en crecer el tamaño del Estado y del gasto público hasta quebrarlo.

Creo que es importante recordar a los lectores que los países donde más ha pululado la corrupción en los últimos años han sido con gobiernos de izquierda. Cuando se disolvió la Unión Soviética, unos pocos miembros de su élite se quedaron con todas las empresas del gobierno a un precio ínfimo y hoy en día estos billonarios, que pertenecían al Partido Comunista, se pasean por el mundo comprando equipos de futbol, mega yates y casi países enteros; en Cuba, un país azotado por la hambruna, se habla que Fidel Castro dejó una fortuna de más de 1.000 millones de dólares. ¿O qué tal Venezuela? el país más rico de Latinoamérica fue devastado por la corrupción. Para tener un termómetro, se dice que Odebretch pagó coimas en Venezuela por 900 millones de dólares mientras en Colombia vamos apenas llegando a los 20 millones y estamos escandalizados. En fin, para combatir la corrupción no se necesita discurso, ni hablar bien y mucho menos gritar; se necesitan acciones, una justicia fuerte y voluntad política.

Pensar que en el socialismo o comunismo todos somos iguales no es más que una gran falacia. Sí igualan por lo bajo a los pobres y producen muchos más, la pobreza les funciona perfecto porque mantienen al régimen a punta de limosnas, pero se mantiene también una casta de poderosos dirigentes que terminan robándose hasta el agua de los floreros.

Por el lado de la coalición republicana, o del NO, aunque hay temas moviéndose, no se han tomado las definiciones con la rapidez que se necesita. A mi modo de ver, existen buenos candidatos, con programas de gobierno afines que en últimas buscan lo mismo, entonces ¿qué nos falta? Pues lo más importante: las reglas del juego para escoger el candidato y que todas estas fuerzas puedan alinearse para empezar a trabajar. Estas elecciones son demasiado cruciales para el país para dar papaya.

Me gustaría ver el próximo noviembre, en la fecha que estipuló la Registraduría Nacional para las consultas, a todos los precandidatos del NO participando; a los cinco precandidatos del Centro Democrático, a Marta Lucía Ramírez, a Alejandro Ordoñez y demás para que a través de una consulta abierta podamos elegir quién será el candidato que nos lleve a ganar las elecciones en el 2018 y, por ende, a salvar al país de la hecatombe que creó este régimen chambón.

Tenemos que ganar por goleada.

@SANTAMARIAURIBE

Publicado: septiembre 10 de 2017