Siempre he pensado que lo que va ocurriendo en la vida de cada uno de nosotros tiene una razón de ser y que las dificultades y alegrías que suceden van forjando el carácter y la personalidad de los individuos. Es por eso que mi decisión de formar parte de la lista al Senado por el Centro Democrático, de hacer una campaña trabajada día a día, de recorrer la mayor cantidad de municipios y de oír a la mayor cantidad de colombianos, la hace una experiencia única. Esta me llevará en el futuro cercano a ser congresista, a presentar proyectos relevantes y verdaderamente necesarios para ayudar a los colombianos y a hacer el control político que tanto necesita nuestra nación.

Las dificultades que tienen los colombianos son inmensas, incomprendidas por sus dirigentes y muchas veces mal utilizadas por ellos para lograr sus propósitos y afianzar su poder. Es increíble ver la cantidad de héroes que he encontrado en estos recorridos, que luchan contra las adversidades y ayudan a la comunidad sin ninguna herramienta ni apoyo del gobierno.

Pero, también vemos esa otra Colombia a la que el narcotráfico, la violencia y la falta de valores la convirtió en un espécimen extraño. Esa que sale en época electoral a negociar la conciencia de los electores y donde termina elegido el que oferte más dinero por los votos que maneja un líder del cual sus bases nunca irán a recibir nada fuera de limosnas para mantenerlos a su lado.

El país está en un punto de quiebre. Los colombianos de a pie poco quieren saber de las elecciones y de los políticos tradicionales. Esto, a simple vista, pareciera que nos daría la posibilidad de cambiar la política, pero no es tan claro porque entre ese colombiano que quiere el cambio y el candidato nuevo, que quiere trabajar y hacer un mejor país, hay en el medio una cantidad de personas que viven y negocian la política para mantenerla igual. Es el mismo intermediario que en los mercados imperfectos saca el mayor provecho y margen de intermediación y que no le interesa que las cosas sean mejores porque pierde su negocio.

Aunque no debemos pecar de ilusos, por el bien de Colombia debemos cambiar la política y hacer el cambio dentro de la institucionalidad que hoy en día tenemos. Cada paso en falso que damos es un escalón adicional que regalamos al populismo, a esa izquierda que reniega por todo, que quiere llevarnos por el camino de Venezuela y Cuba donde la corrupción acabó con el servicio público después que este había acabado con el mercado y con la iniciativa privada que son los únicos caminos para generar desarrollo y mejorar la calidad de vida de la población.

Seguiré durante este periodo recorriendo el país, llevando mi mensaje y mis cuatro puntos: la defensa de la familia y del derecho a la vida, mejorar el control fiscal dentro del Congreso, promover el emprendimiento y la empresa privada, y proteger el agua frente sus grandes enemigos, la minería ilegal y los negociantes de tierras.

Espero poder contar con muchos de ustedes, que me respalden para poder ayudar con ese cambio que tanto queremos. Soy el número 35 en la lista del Centro Democrático al Senado de la República, cuento con su voto.

@SANTAMARIAURIBE

Publicado: enero 29 de 2018