“Rechazamos las vías de hecho como método de presión y negociación” son las palabras que el Presidente Iván Duque le dirigió a los que le reclaman para que ceda y haga presencia en el lugar del bloqueo indígena de la vía Panamericana. Muchos

– particularmente los que respetamos la institucionalidad – celebramos estas palabras porque ceder ante las vías de hecho es lo que ha llevado a nuestro País a una profunda crisis que ha afectado nuestras instituciones.

En un pasado no muy lejano, el entonces Presidente Cesar Gaviria cedió ante las presiones de Pablo Escobar que se manifestaron a través de los actos terroristas mas feroces para que le permitiera construir su propia cárcel desde donde podría seguir delinquiendo después de un período en el que estuvo fugitivo y sus negocios estaban sufriendo. Escobar necesitaba de un sitio tranquilo donde pudiese traquetear en paz, y Gaviria amablemente se lo concedió. Escobar y otros narcotraficantes también influyeron en la Constituyente de 1991 para que se incluyera la prohibición de extraditar a nacionales colombianos. Como ya sabemos, la extradición es la única herramienta contra el narcotráfico al que verdaderamente le temen esos delincuentes. Desde una cárcel de dos por tres y con las múltiples restricciones que ofrece el sistema carcelario estadounidense, es imposible seguir con su faena delincuencial. Cabe anotar que la felicidad de los narcotraficantes duró seis años porque la extradición fue restablecida en 1997.

Si hubo un presidente que sentó un pésimo precedente para el futuro fue el señor Juan Manuel Santos. El mismo que acaba de lanzar un libro que prefiero no leer porque no soy afecta al género de la ficción. Santos, como todos sabemos, fue el campeón de negociar con malos resultados bajo amenazas y presión. A los indígenas, a los educadores, a los transportadores, a los campesinos y a cuanto le pusiera presión les prometió y prometió y les incumplió e incumplió dejándole el problema al gobierno del Presidente Iván Duque.     

Es importante traer a colación la negociación que Santos hizo con las FARC a las que les prometió impunidad a través de la creación de su propia justicia especial y elegibilidad política a pesar de estar incursos en una clara inhabilidad emanada de nuestras leyes y de los tratados internacionales que expresamente la prohíben para criminales de lesa humanidad. Este despropósito ha ocasionado que las víctimas del grupo guerrillero, especialmente las más sensibles como las mujeres de la Corporación Rosablanca, que fueron secuestradas a edades tan tempranas como los nueve años para ser convertidas en esclavas sexuales y máquinas de guerra, se sientan hoy desprotegidas. A propósito de eso, en una de las entrevistas otorgadas esta semana por Juan Manuel Santos para promocionar su libro, le preguntaron por los testimonio de esas víctimas en particular y este contestó que esas eran opiniones políticas. Dicho comentario cayó muy mal entre estas mujeres las que respondieron mediante un trino que “… Es una opinión ruin, mezquina y degradante para las víctimas y más aún viniendo de un Premio Nobel de Paz”.  

Santos negoció bajo presión, la presión de querer dejar un legado mentiroso de que él le había traído la paz a Colombia. Porque la realidad es que cuando Álvaro Uribe Vélez dejó la presidencia, las FARC estaban a un pelo de ser derrotadas, sus comandantes se encontraban por fuera del país y su tropa estaba replegada y fraccionada. Luego Santos se encargó de crear una sensación de urgencia de cederles lo que ningún presidente tiene derecho a ceder, la soberanía nacional. Se preguntarán por qué pienso que Santos cedió nuestra soberanía. Lo primero que hizo fue desconocer el resultado del Plebiscito para favorecer a las FARC y lo segundo fue blindar el acuerdo durante los próximos tres períodos presidenciales. Ese blindaje que está enmarañado en nuestra Constitución y que la Corte Constitucional parecería tener un pacto de sangre de proteger puede caer el día que nosotros, los Constituyentes Primarios, los verdaderos soberanos tomar la decisión de terminarlo. Porque en Colombia no existen normas constitucionales y legales inmodificables y si nosotros decidimos reformar las consecuencias legales derivadas del Acuerdo de Paz, no hay blindaje que valga.

@ANIABELLO_R

Publicado: marzo 29 de 2019