La falta de credibilidad de los colombianos en sus instituciones, aumenta cada día. Parece que nadie cree en nadie. No es sino revisar todas las encuestas para darse cuenta de la no aprobación a las instituciones y en quienes las gobiernan. Prácticamente no se salva nadie. El único que a pesar de todo, y por sus resultados se mantiene positivamente vigente es el expresidente Álvaro Uribe.

Un país que no confía en las personas que ocupan cargos en el Estado, está destinado a no ser viable. Si quienes se supone imponen el orden, hacen cumplir las leyes, ejecutan programas del gobierno durante mucho tiempo, han estado en esa desidia, en ese descuido y desgreño por lo publico, qué se puede esperar de los colombianos a los que les toca vivir con eso. Eso, sin incluir la corrupción que ha ido acabando con el país. Preguntarán  ¿por qué digo acabando, si todas las cifras, bien o mal, muestran algún resultado positivo? Aquí les respondo:

Gran parte de ese descuido y falta de interés por sus oficios, se debe a que en Colombia, cargo público es politiquería. Cuando yo era niña, recuerdo a los políticos con un maletín lleno de hojas de vida. Allí había todas las profesiones y oficios. En medio de risas, decían, pida la profesión u oficio que necesite, que se le tiene.

Las necesidades en las instituciones dejaron de ser una prioridad por que el funcionario público tiene como una tarea principal cumplir con el que lo hizo nombrar, o con cualquier político que aparezca. Hoy el tema sigue siendo exactamente igual, con la única diferencia que ya no se cargan las hojas de vida, si no que se envían por correo electrónico. Esta costumbre hace que automáticamente la calidad y el desempeño de los funcionarios nombrados sea muy regular, aún cumpliendo con los requisitos. Es como si sintieran autorización para cumplir a medias. Existen personas que van de gobierno en gobierno, siempre esperando el nombramiento

Como anécdota quiero recordar el caso de un político colombiano que en una visita al Santo Padre le llevó la hoja de vida de un obispo para que lo designara en un pueblo. Podrá parecer un exageración o irrespeto, pero eso es precisamente a lo que hemos llegado. Con el cuento que si no les dan puestos no hay apoyo al gobierno de turno, chantajean desde el Presidente hasta cargos menores que puedan hacer nombramientos. Si se usara esa capacidad de insistir, para trabajar en lo que Colombia necesita, otro gallo cantaría.

Hago este recuento porque no deja de alarmarme la desconfianza que tiene el país, al menos en las redes sociales, en la investigación que conjuntamente llevan a cabo la fiscalía y la policía por el atentado en el Centro Andino de Bogotá. Ni siquiera la captura de los sospechosos ha generado credibilidad.

Les confieso que yo, a ratos, siento lo mismo, pero cuando veo al señor fiscal en compañía del director de la policía, explicando en qué va la investigación y se refieren a las pruebas obtenidas, concluyo que es imposible que nos estén diciendo mentiras. Sería ya el colmo de la irresponsabilidad.

No puede ser que por la presión de la prensa, de las redes y de líderes políticos, sean capaces de semejante montaje y captura de ocho personas, como si nada. Sabemos que en Colombia ha sucedido y con frecuencia.

Esa desconfianza en la fiscalía se da por los nombramientos que pueden tener los requisitos, pero no el perfil para el cargo que desempeñan. De hecho encuentra uno señalamientos, capturas y encarcelamiento de personas inocentes a las cuales ya nada, ni siquiera la reparación del estado, les recupera su imagen. Los colombianos les tienen pánico porque saben de qué manera y porqué motivo actúan así.

A esto se suma un tema muy delicado en estos organismos de investigación. Como muchos se nombran para pagar favores a los políticos, llegan además a ajustar las normas a su ideología causando un mal mayor. La interpretación de las normas a su antojo deja mucho que desear. Estamos cansados de ver gente honesta capturada, mientras el juicio, porque son un peligro para la sociedad sin haber asesinado, traficado narcóticos o robado. Mientras, andan muy orondos por la calle asesinos y ladrones que parece que fueran unos angelitos.

Pienso yo, que con esta crisis de confianza en una institución como la fiscalía, el señor fiscal tiene que tomar cartas en el asunto y comenzar a darle la vuelta realmente para generar credibilidad con sus actuaciones.

En otros países cuando habla el Fiscal General de la Nación, o el que en ese país tenga las mismas funciones, eso es la última palabra. No salen a aventurar con cuentos, para calmar a las masas que exigen resultados.

Es obligación del próximo presidente cambiar la manera de elegir a altos tribunales y a los organismos de investigación. Sacar esas leyes debe ser uno de sus principales propósitos. Si no se hace, seguiremos en las mismas nombrando por agradecimiento e intercambiando familiares entre una y otra Corte y además en las instituciones que ejercen control.

El presidente también debe tener el propósito de nombrar por meritocracia. No darles cargos a los políticos, aunque amenacen con mociones de censura, sesiones de control político y la no aprobación de los proyectos de ley del gobierno.

Esto, en una cultura política como la nuestra puede hasta sonar chistoso, pero es la única manera de comenzar a generar confianza en nuestras instituciones. Ese cuentico que dicen en la calle, que aspiran e invierten montones de plata, no les preocupa porque con el cargo la recuperan. Así lo dicen, sin ningún reato. Por eso insisto, presidente que llegue en el 2018, debe cerrar la puerta a la famosa mermelada, aunque le cueste mucho a su desempeño. Le haría al país un gran bien, el mejor que se podría lograr en una administración. Lo que se necesita es determinación y el apoyo de todos los ciudadanos.

P.D Debo creer que el Fiscal y el Director de la policía son incapaces de mentirle a Colombia.

Por Colombia, por nuestros hijos y nietos hagamos el esfuerzo. Los tres se lo merecen.

@AliciaArango

Publicado: junio 28 de 2017