Que Fecode decida irse a paro no es algo nuevo. Sus constantes bloqueos de naturaleza política, que se camuflan bajo el falso pretexto de la defensa de la educación, tienen una agenda clara y organizada, la cual pretenden llevar a cabo a costa de seguir sacrificando la calidad de la formación pública. Su legado, hasta ahora, es ciertamente vergonzoso…

Como tal, en Colombia 7.9 millones de niños acuden a colegios oficiales, mientras que 1.9 millones asisten a instituciones no oficiales. Es decir, la relación entre la educación pública y la privada es de 80-20, la cual tiene una dinámica completamente inversa frente a la calidad del servicio prestado.

Nada más para poner un ejemplo, en el 2019 ninguna institución pública clasificó dentro de los 25 colegios con los mejores puntajes del Icfes. Además, de los 9.300 colegios oficiales que hay en el País, tan solo un poco más de 100 lograron clasificar en el ranking Col-Sapiens 2019, que evalúa la calidad de los planteles educativos.

Y, por si fuera poco, no se puede dejar de mencionar que el desempeño de Colombia en las pruebas Pisa es ciertamente desastroso. Somos el País con peor puntaje dentro de las Naciones que integran la OCDE.

¿Es esto culpa de los lineamientos imperialistas que le imponen a Colombia, como sostiene Fecode?

En lo absoluto. Por el contrario, es la evidencia que el modelo educativo que se ha venido implementando en las instituciones públicas es un completo fracaso, lo cual, a su vez, genera que la brecha entre la formación que reciben los estudiantes de los colegios oficiales vs los colegios privados sea cada vez más abismal.

Siendo esto así, ¿qué hacemos?

En primer lugar, la educación pública del País no puede seguir capturada por una agremiación sindical con agenda política. La formación de las nuevas generaciones debe estar centrada en adquirir las competencias necesarias para responder efectivamente a las necesidades del mercado laboral y no en discusiones inertes que buscan promover la lucha de clases para expandir la base electoral de ciertos grupos políticos.

Tenemos que preparar jóvenes para hacer empresa, innovar y lograr incursionar exitosamente en las dinámicas empresariales del siglo XXI y la cuarta revolución industrial, más no para alebrestar a las masas cada jueves con cánticos antigubernamentales y vandalismo generalizado.

En segundo lugar, es urgente que se implemente un nuevo sistema de calidad en la educación pública. Así a los señores de Fecode no les guste, es completamente necesario que los profesores de planteles oficiales, como cualquier otro profesional, estén sujetos a un modelo de supervisión y control con cumplimiento de indicadores, de tal manera que aquellos que no cumplan satisfactoriamente con los estándares exigidos puedan ser cambiados por un personal idóneo que les brinde un mejor servicio a los estudiantes.

De no tomar este tipo de medidas, será prácticamente imposible mejorar la calidad de la educación pública y, con ello, recortar la brecha entre estudiantes de colegios oficiales y privados. Un sindicato politizado, que no quiere dejar de controlar la matriz burocrática de los planteles oficiales, no puede condenar al 80% de los jóvenes del País a padecer un sistema educativo obsoleto que no les brinda las herramientas para competir en el futuro con los demás actores del mercado.

@LuisFerCruz12

Publicado: febrero 19 de 2020