Bogotá no aguanta más cuarentenas estrictas. Así de sencillo. Las restricciones del Distrito van a acabar con el tejido empresarial de la ciudad e imposibilitarán que la protección del empleo sea una realidad. Es prácticamente inviable pensar en una reactivación económica cuando cada dos semanas 1/3 de la ciudad queda bajo llave.

Ya vamos a completar 6 meses bajo aislamiento. Claro, con unas etapas de mayor flexibilidad que otras, pero lo cierto es que el comercio en Bogotá está en cuidados intensivos. Una empresa grande tiene el músculo financiero para soportar un cese en ventas tan extenso y diferir sus obligaciones en el tiempo, pero una MiPyme no y ciertamente el País no se puede seguir endeudando indefinidamente para abrir líneas de crédito con tasas subsidiadas o asumiendo la garantía del 90% de los préstamos, más aún cuando el pago de la deuda en 2021 nos costará a los colombianos $74.9 billones.

Tampoco la solución puede ser la normalización de una relación de dependencia de la población al Gobierno a través de los subsidios. Ese fracasado modelo asistencialista solamente funciona para perpetuar en el poder al político de turno y aumentar el derroche burocrático de las entidades estatales, pero no para generar valor agregado en una sociedad.

Por eso, Bogotá necesita abrirse totalmente y rápido. Nada más durante esta nueva cuarentena en 7 localidades más de 346.000 empleos vuelven a pender de un hilo y mientras que el Distrito prefiere dedicarse a defender en redes a la Corte Suprema de Justicia por haber impuesto una medida de aseguramiento completamente desproporcionada contra Álvaro Uribe, agremiaciones como Fenalco hacen maromas para sobrevivir sin que desde la Alcaldía haya un norte sensato de reactivación.

En efecto, el gran “Plan Marshall” que anunció Claudia López no es otra cosa distinta a una reforma tributaria solapada, dado que aumenta el impuesto de industria y comercio-ICA a varios sectores vitales para la ciudad, tales como el comercio electrónico o la producción de bienes de primera necesidad.

Es decir, las pocas empresas que han tenido un comportamiento económico positivo durante la pandemia van a terminar crucificadas por la Alcaldía. Condenadas a pagar más impuestos en un modelo tributario que criminaliza el éxito y desincentiva la inversión. Un absoluto despropósito…

Debido a esta situación, no dudo en afirmar que los empresarios y los trabajadores formales no tienen por qué pagar las consecuencias de la improvisación de Claudia López, cuya administración prefirió dedicarse a atacar al Presidente Duque día y noche para figurar en los medios de comunicación en vez de invertir recursos propios desde marzo para aumentar la capacidad de respuesta del sistema de salud en Bogotá.

Continuar el plan de confinamientos es un suicidio económico. Esa no es la solución. Con ello no derrotamos al Covid, pero sí aumentamos la pobreza y el desempleo que ya llegó al 23.6% en Bogotá. El comercio debe ponerse en marcha, sin titubeos ni falsos alarmismos, cumpliendo los protocolos de bioseguridad y entendiendo que es posible adaptarnos a una nueva realidad donde los tapabocas y el distanciamiento sean más eficientes que los discursos resentidos de Claudia López.

@LuisFerCruz12

Publicado: agosto 19 de 2020