Hoy día de la madre, valgámonos de la razón para honrar a nuestras madres, fuente de valores, sacrificio y esperanza, para ofrecer respeto al origen de nuestras vidas, a las dos madres que todos tenemos, la que nos trajo a este mundo y la tierra que nos vio nacer libres y nos dio nuestra identidad como colombianos.

Pensemos hoy en el futuro de las nuevas generaciones honrando a las madres y a nuestra patria. Reconozcamos que Colombia el mejor país del mundo y el único donde podemos convivir en familia y sentir amor por nuestra tierra, nuestra cultura y estar cerca de nuestros amigos y compañeros. Los buenos somos más. Se los debemos todos los que hemos sido privilegiados con salud, trabajo e ingreso, a los compatriotas menos favorecidos.

Colombia ha cambiado mucho dentro de sus posibilidades económicas como país en vía de desarrollo; hoy el nivel de vida es mucho mejor al de hace 25 años. Eso no lo puede contradecir nadie. Y claro, con el incremento poblacional, tambien crecen y son más visibles los retos y los problemas, más aún si nos comparamos con otras naciones ya desarrolladas.

El caso es seguir trabajando unidos y con fe y esperanza para mejorar transformándonos en un mejor país. Miremos esto de manera positiva. Vivimos el momento en que más ha progresado nuestra civilización. Elijamos en conciencia sin dejarnos equivocar por la dialéctica demagógica populista detrás de la cual se esconde el yugo destructor del sistema narco-comunista. 

Hoy hay conocimiento abierto al alcance de todos, y gracias a ello, tenemos la opción de transformarnos positivamente y no caer en procesos autodestructivos como ha ocurrido con todas las revoluciones que plantea el populismo internacional desde la era del terror a manos de la degeneración idealista revolucionaria francesa, la interpretación rusa de Marx y el remedo latinoamericano e iberoamericano del socialismo del siglo XXI inspirado en Cuba y perfeccionado en Venezuela.

Dejemos de quejarnos y así aumentar las inevitables insatisfacciones sociales dando excusas a quienes de manera difamatoria promueven el caos como forma de llegar al poder. El país debe alejarse de ese mamerto negativismo morboso, que solo lo lleva a generalizar y hablar de problemas no de soluciones, pues esa mentalidad es la que le da la ventaja al individualismo egoísta sobre la unidad colectiva, a las organizaciones criminales y a la mentira que se esconde tras el discurso resentido con que se está engañando la base de nuestra gran nación a lo largo y ancho de nuestro hermoso país.

Entendamos bien el valor de tener un gobernante honesto, demócrata, que se ciñe a lo correcto y se a servir. No nos neguemos a valorar los sacrificios económicos que nos han permitido tener una recuperación tan destacada. Jamás imaginamos estar de segundos en crecimiento global después de Israel en ese cuadrito que trae siempre al final la revista “The Economist”. 

Colombia no necesita un éxodo como de nuestro país hermano. Justo cuando tenemos en nuestras manos la capacidad de transformar este país como lo hizo Japón, Corea, Singapur, Israel o los Emiratos Árabes Unidos, ¿vamos a tirar todo por la borda y a elegir un guerrillero terrorista resentido y de conductas personales irregulares?

Colombia no puede seguir descargando toda la responsabilidad de sus problemas sobre la figura de un presidente. Todos tenemos que asumir el papel del líder y elegir y respaldar al que mejor nos represente ante un mundo que tiene los deseos y la franca intención de apostarle al futuro de Colombia como una de las nuevas posibles potencias ambiental y energética a nivel mundial. 

Fácil es destruir. Ahora es asunto de todos votar por la libertad, y empezar a trabajar por recuperar el tiempo perdido consintiendo la delincuencia, y continuar la construcción de un proceso de transformación positiva que bien lo merece la nación colombiana. 

En agricultura como en economía, siempre hay un retardo entre la siembra y la cosecha, entre las acciones y los resultados. Gracias Presidente Duque, su gobierno tomó desde el primer día las duras medidas que nos permitieron sobreaguar la pandemia y poder llegar al 2022 sobre la base del reconocimiento al manejo juicioso de nuestra economía. 

Gracias Presidente Duque, al igual que lo hizo el presidente Uribe, usted a dejado claro con su liderazgo que si queremos algún día ser una nación culta y civilizada que sepa convivir en armonía, no podemos negociar con el terrorismo ni desistir en la lucha contra el crimen organizado en nombre de la legalidad, el emprendimiento social y económico y la equidad social. 

Apoyemos nuestras instituciones empezando por aquellos soldados y policías que se juegan a diario la vida por proteger la nuestra. Rechacemos todo aquello que convive con la ilegalidad, la violencia delictiva y el terrorismo, y sigamos trabajando sin descanso en el difícil camino de la transformación y el desarrollo. 

Luis Guillermo Echeverri

Publicado: mayo 9 de 2022