La gente le ha perdido el temor a la ley por la sencilla razón que el delincuente después de cometer el delito se va tranquilo para su guarida. Hay una especie de desobediencia a la justicia porque el bandido sabe que no va a ser castigado o duramente castigado. Sin embargo las cárceles están llenas de malhechores, porque hoy en Colombia el delito es una de las más fecundas formas de “empleo urbano”, como en el área rural lo es la producción de cocaína, actividad generadora de mucha violencia.

Es tal el desorden en la aplicación de la justicia, que el que roba una banana es posible le apliquen varios años de cárcel, mientras el que viola o asesina, o roba al erario o altera el resultado en los comicios electorales no le pasa nada y suelen quedar impunes. Los niveles de impunidad son dramáticos.

Sin embargo la pena de muerte ya existe en Colombia de manera soterrada, todos los días se ejerce pero a la inversa, los delincuentes son quienes la aplican a los ciudadanos de bien. Todos los días hay una muerte o varias muertes, la tasa de homicidios es una de las más elevadas del planeta.

En general todas las formas de delitos se han incrementado notablemente, y con la producción de cocaína es lo único que crece cada día a unas tasas asombrosas, y el Estado parece inerte ante esta desbandada. Colombia sigue siendo uno de los países con las tasas de homicidios más altas, donde la violencia se encuentra entre las principales causas de muerte de la población, ocupando la sexta tasa más alta del mundo (32.3 por cada 100,000 habitantes) junto con El Salvador, Guatemala, Belice y Honduras, y Venezuela, nuestro vecino inmediato quien hoy gracias al Socialismo del Siglo XXI lidera el primer lugar en América.

Jamás, en décadas se había visto tal desbarajuste, no es equivocado decir que a partir de los diálogos de paz con las Farc, y del Acuerdo de La Habana, el delito se ha incrementado como nunca antes, porque la producción de cocaína aumenta ya de manera preocupante y nos tiene al borde de la descertificación con nuestro mejor socio, USA. Y el desempleo y la desindustrialización amenazan la mano de obra. En el inconsciente colectivo se ha grabado la idea de si se perdonan crímenes de lesa humanidad, y se perdona el narcotráfico cualquier otro delito puede ser perdonado, hay una especie de legalización de la criminalidad, que se ha quedado grabada en el alma de los colombianos.

Una de las formas de delito que más preocupa a la nación es la corrupción, pero sobre todo la corrupción política. Y de mayor manera la del delito electoral. El voto o sufragio es quizás el único patrimonio que tiene el colombiano, además de ser su derecho fundamental y al violarlo se desinstitucionaliza el espíritu del ciudadano. De hecho la violencia de los “Mil días” fue una violencia por la lucha los votos.

No es descabellado pensar, como lo han propuesto algunos intelectuales, abrir el debate de la Pena de Muerte, para así poder defender a una sociedad desesperada por tantos crímenes. Hoy no hay el más mínimo temor a la ley, y tal vez aunque dura, sea de las pocas soluciones para logra restaurar el orden perdido. Es posible mediante un referéndum preguntar a la nación si la quiere o no, aunque exista una ley dentro de nuestra Constitución que no lo permita y la humanidad no la tenga dentro de sus soluciones para minimizar el delito. En todo caso el caso de Colombia es muy especial porque el mismo aparato judicial se haya corrompido.

En el pasado funcionó y el mismo libertador Bolívar la tuvo que instaurarla para 1830, ya que el robo al erario era descomunal. Es posible entonces si tiene la aceptación popular, crear una especie de JEPM (Justicia Especial para la Pena de Muerte) con honorables magistrados que decidan quién es merecedor de ella.

@rodrigueztorice

Publicado: octubre 26 de 2017