No deja de ser lamentable que un presidente honorario del Centro Democrático, conocido de autos por sus salidas en falso y posiciones extremistas que desconciertan y ridiculizan el debate político, ande sugiriendo que el doctor Iván Duque Márquez debe renunciar.

Esta no es hora para mezquindades ni para hacer ajustes de cuentas por motivos personales. Es evidente que la persona en cuestión enerva un odio intestino hacia la persona de Iván Duque, desde que él propuso su nombre como precandidato presidencial por el Centro Democrático. 

En todos los partidos hay vertientes y corrientes. Las tendencias, son necesarias en las colectividades que enarbolan los postulados democráticos.

El CD, no es la excepción. El partido del presidente Uribe sí que tiene militantes de distintos orígenes. Desde conservadores, hasta antiguos activistas de la izquierda. Católicos, protestantes, ateos y judíos. A todos ellos, los une una serie de postulados doctrinarios comunes que son transversales. 

La variopinta de precandidatos presidenciales que se inscribieron para las elecciones de 2018, es reflejo de la multiplicidad de matices que recoge el Centro Democrático. Había dos conservadores -Rafael Nieto y Paloma Valencia- y 3 antiguos miembros del partido liberal -Carlos Holmes Trujillo, María del Rosario Guerra e Iván Duque-. 

Aquel año, Duque se alzó con la nominación, pero en 2014, quien ostentó la candidatura fue Óscar Iván Zuluaga, persona que se forjó en las toldas del partido conservador de Caldas. 

En momentos de crisis, hay que hacer exhibición de grandeza y generosidad y no de pequeñeces propias de la política menor. Iván Duque es el presidente de la República, elegido por el Centro Democrático, colectividad que, hasta donde se conoce públicamente, no ha hecho tránsito hacia la oposición.

Las dificultades no son menores y, en consecuencia, el partido del presidente de la República, tiene la responsabilidad -sin convertirse en un testigo silente-, de cooperar en la medida de sus posibilidades, para superar, por el bien de Colombia, el grande desafío que está planteando la extrema izquierda, promotora de las alevosas jornadas de protesta que se han registrado durante los últimos días. 

Es claro que muchas decisiones del presidente Duque no satisfacen a sus electores, pues evidentemente resultan contradictorias con el cuerpo de doctrina sobre el que está fundamentado el Centro Democrático. Pero en política, las discrepancias entre correligionarios se tramitan a través del diálogo franco y no por medio de solicitudes miserables, como la de andar recomendando renuncias, sobre todo cuando ese mensaje proviene de una persona que en un momento dado fue enaltecida por el Centro Democrático, a pesar de su inhabilidad para ejercer cargos públicos, con una designación honorífica.

Es hora de sumar, de dotar con propuestas inteligentes y eficaces al gobierno nacional. Y ojalá, el presidente de la República también ceda un poco, pues no deja de preocupar la queja sistemática de muchos dignatarios del uribismo, en el sentido de que el primer mandatario no los atiende, no los oye y, mucho menos, valora con la debida consideración sus propuestas. 

Acá, todos tienen que poner de su parte: los congresistas y el señor presidente, pero también los militantes, esa base juiciosa de uribistas que, a pesar de los pesares, continúa dando muy meritorias muestras de lealtad y fidelidad. 

@IrreverentesCol

Publicado: noviembre 27 de 2019