En cualquier caso, el aborto tiene que ser abolido. El respeto por la vida, desde el primer instante de la fecundación merece ser observado sin cortapisa y, por eso, resulta inaceptable el intento del saliente ministro de Salud, Juan Pablo Uribe, por reglamentar vía resolución, una práctica que es ilegal en nuestro país. 

La solución a los embarazos no deseados no puede ser, en ningún caso, la muerte del bebé que se encuentra en el vientre de su madre. Si algo le hace falta a nuestro país, es una verdadera política de educación sexual, acompañada de la implementación de estrategias de información lo suficientemente eficaces para generar conciencia en los jóvenes y adolecentes, que empiezan su vida sexual. 

En ningún momento el aborto puede ser aceptable. Además de un atentado contra la vida, es una tortura para el bebé. Múltiples estudios científicos coinciden en que una interrupción del embarazo después de la semana 20, debe ser calificada como un feticidio. El ahora exministro Uribe, dejó abierta la compuerta para que en Colombia puedan practicarse abortos después de la semana 20, una verdadera monstruosidad.

Los defensores del aborto, permanentemente enarbolan razones de salud de la madre, argumento manido que no tiene sustento ninguno. Todo lo contrario. Diversos estudios adelantados por entidades respetables como el Centro Nacional de Estadística de la Salud y el Centro para el Control de Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos, aseguran que un aborto después de la semana 20, pone en grave riesgo la salud de la mujer que adelanta ese procedimiento. 

Este no es un asunto religioso, sino de legalidad. La Constitución y las leyes colombianas sancionan el homicidio y prohíben la pena de muerte. El aborto es un crimen sobre un ser indefenso que no tiene la menor posibilidad de proteger su integridad. 

Está probado que el feto, después de la semana 20 tiene desarrollado su sistema nervioso central, razón por la que sufre cuando se realiza el aborto. Además de asesinato, estamos ante una demencial tortura. 

Dicen las feminazis que ellas son libres de decidir sobre su cuerpo. Aquello es cierto, pero la gestación incluye a un tercero que goza de plenos derechos, empezando por el de que se le respete la vida. 

El mensaje, entonces, debe ser uno y solo uno: no al aborto, sí a la vida. Sin ambages ni matices. En vez de hacer resoluciones majaderas e impolíticas, el próximo ministro de salud, de la mano de la estupenda ministra de Educación, María Victoria Angulo, tiene el deber con el país de trazar una política pública de salud sexual y reproductiva, que parta de una gran campaña de educación sexual. Así es como se enfrentan las problemáticas sociales y no a través del asesinato de los bebés en etapa de gestación.

@IrreverentesCol

Publicado: enero 16 de 2019