Hemos atentado de manera egoísta contra la gobernabilidad, abusamos de la figura de la revocación y la debilitamos al desprestigiarla.

El 2017 comenzó, para Bogotá, con la controversia generada por la iniciativa de revocar el mandato al alcalde Enrique Peñalosa. Como Representante a la Cámara, por la capital, quiero decir que no estoy de acuerdo con esto. Y si bien es cierto que mi posición frente la Alcaldía ha sido muchas veces crítica, también creo que  el recurso de la revocatoria debe ser reservado para los alcaldes que falten a sus obligaciones de manera grosera y objetivamente perjudicial. Sin embargo, este no es el caso.

En realidad, son evidentes los intereses políticos e ideológicos que hay detrás de esta iniciativa. En efecto, la incorrecta motivación de esta revocatoria no fortalece nuestra democracia. ¡Todo lo contrario! Lo que hace es debilitarla, así como debilita la institución misma de la revocatoria, ya que esta pierde su poder por la ausencia de razones verdaderas que la motiven.

Tengo claro que las necesidades de la capital son urgentes y la expectativa de resultados apremiante. Pero es preciso aceptar que un año de mandato es muy poco para exigir resultados transformadores. Finalmente, todo requiere de un proceso. No en vano, cuando Peñalosa asumió su primera alcaldía, también en un momento de crisis para la ciudad, los frutos de su admirada  administración se vieron muy cerca del final de su mandato.

Ahora, respecto a quienes impulsan la revocatoria, son tres los comités que se han inscrito con  la intención de recoger las firmas. De dichos comités, conformados  principalmente por miembros del Polo Democrático, merece un capítulo aparte el que se denomina “Revoquemos a Peñalosa”. El grupo, ahora Comité, trabaja a favor de la revocatoria desde antes de que el Alcalde de Bogotá se posesionara.

Entonces, si las elecciones en nuestro sistema democrático pueden ganarse o perderse por un voto, no tiene mucho sentido que antes de posesionarse un mandatario esté afrontando ya un proceso de revocatoria. Es un despropósito que cualquiera que no gane por una mayoría aplastante esté a merced de ser revocado por sus contrincantes.

Las razones de fondo que  justifican la revocatoria no son contundentes. Por un lado alegan el cambio del trazado del metro, aunque no explican la reducción en los costos del mismo. De igual forma se refieren al proyecto de construcción en la Reserva Van der Hammen, pero no dicen el avance significativo que generaría en la movilidad de la capital. Entiendo que este tema toca fibras sensibles, sin embargo vale recordar que la reserva de facto no existe y es un plan ambiental nunca implementado (ni siquiera por las tres administraciones de izquierda que precedieron la alcaldía de Peñalosa). Es verdad que el medio ambiente debe ser prioritario, pero con seguridad pueden buscarse soluciones que permitan también el desarrollo de la ciudad más importante de Colombia.

En ese mismo orden de ideas, los desalojos de vendedores ambulantes y  la supuesta falta de atención de la Secretaría de Integración Social a  quienes habitaban el Bronx son argumentos aún menos poderosos para justificar la revocatoria. Estoy convencida de que el espacio público debe ser respetado y que las intervenciones en este deben hacerse con el mayor respeto por los derechos de las personas que se verán afectadas. Pero repito: el espacio público debe ser respetado, es todos y no de unos pocos.

Por otro lado, la discusión sobre la problemática de los habitantes de calle es más compleja. Y aquí el Alcalde y la Secretaría de Integración Social hacen todos los esfuerzos que nuestro sistema jurídico les permite, a la luz de la interpretación que de este hace nuestra Corte.

Es  imperativo que en Colombia se haga una política más limpia. Las batallas deben darse en las urnas, con ideas y argumentos que las sustenten. De igual forma, la revocatoria debe ser un recurso extraordinario, ojalá impulsado por quienes votaron por un mandatario, ante la insatisfacción por el incumplimiento de un determinado programa de gobierno.

Si las revocatorias las impulsan los que pierden las elecciones atentamos de manera egoísta contra la gobernabilidad, abusamos de la figura de la revocación y la debilitamos al desprestigiarla.  Por todo lo anterior espero, por el bien de esta ciudad, que no prospere la iniciativa.

@Tatacabello

Publicado: enero 13 de 2017