Siempre he pensado que los países se asemejan a las personas, todos tienen su respectiva personalidad, temperamento y escala de valores. Esa personalidad, que trasciende los gobiernos de turno, es el resultado de la sumatoria de aquellas características que tienden a definir a la generalidad de su población. A pesar de que la adversidad es parte de nuestro paisaje, Colombia es un país pujante, luchador, creativo – para el bien y para el mal – y resiliente… Colombia difícilmente se rinde. Como cualquier persona, no todo es bueno, y son esas adversidades las que han creado una coraza protectora que a medida que pasa el tiempo se engruesa cada vez mas para poder soportar los horrores que vemos a diario. 

La tragedia más grande que ha sufrido Colombia en su corta existencia es la violencia que hace años genera el negocio de las drogas ilícitas. Producto del narcotráfico miles de miles de millones de dólares vienen a parar en manos de los más inefables criminales, y es con ese dinero que tienen la capacidad de comprar armas, elecciones, consciencias y hasta el mismísimo Diablo. 

La violencia que generó Pablo Escobar durante más de una década marcaron la vida de muchos colombianos especialmente los que tenemos familiares y amigos que fallecieron o quedaron con secuelas permanentes. Escobar no solo marcó la vida de millones de colombianos sino que debilitó nuestras instituciones. En su afán de no ser extraditado aterrorizó al gobierno de Cesar Gaviria para poderlo extorsionar hasta el punto de dejarlo construir y administrar su propia cárcel y además, se dio el lujo de comprarse la Constitución de 1991 para introducir la prohibición de extradición a nacionales colombianos. Escobar hizo lo que ningún criminal soñó hacer en un país democrático sin embargo, estoy segura que ni el mismísimo Escobar hubiese podido soñar lograr lo que lograron las Farc. 

Muchos recordamos que Pablo Escobar fue congresista por el partido liberal antes de “salir del closet” como narcotraficante. De hecho, fue el ministro Rodrigo Lara Bonilla el que tuvo la valentía de sacarlo de ese closet y por esa valentía pagó con su vida. En ese momento el país tenía una escala de valores que no admitía que un personaje de ese calibre escribiese nuestras leyes. Cuando lo sacaron del closet comenzó su era de terror porque sabía que de alguna manera u otra tendría que pagar por sus crímenes. 

Lo que lograron las Farc como organización: absoluta impunidad de sus crímenes de lesa humanidad y sentarse en el Congreso de la República fue el resultado de ocho años de demagogia alimentada desde el gobierno de Juan Manuel Santos que le cambiaron la escala de valores a Colombia. Santos logró convencer a una gran parte de los colombianos que la única manera de detener la violencia era cediendo ante las imposiciones del cartel de la droga más grande del planeta. Algo parecido a lo hizo Escobar cuando construyó su propia cárcel con el único objetivo de seguir traficando impunemente. Excepto que ni Escobar pudo crear una propia jurisdicción para juzgarlo y que le garantizara la no extradición. 

Esa jurisdicción especial mal llamada “Para la Paz” es la encargada de garantizar que ninguno de los criminales de las Farc responda por sus delitos de manera efectiva y mucho menos en Estados Unidos cuando sean requeridos en extradición. Es ese tribunal el que en este momento tiene la desfachatez de alargar una decisión que ha podido tomarle minutos: determinar si Jesús Santrich, el jefe guerrillero que a pesar de todas las prebendas decidió reincidir, cometió o no el delito antes o después de firmado el acuerdo. Es también ese mismo tribunal el que no ha tomado la decisión de excluir a los fugados jefes guerrilleros Iván Márquez, El Paisa y Romaña del acuerdo. La JEP, ese tribunal que ni Escobar se soñó es la responsable de la incertidumbre y la inseguridad jurídica que no permite que se reactiven las órdenes de captura y que el gobierno de Iván Duque firme la extradición del terrorista Santrich.  

En el Congreso se reabrió el debate de la conexidad del narcotráfico a la lucha armada (un regalo del acuerdo de Santos). La izquierda argumenta con ferocidad que el ELN jamás aceptaría un proceso de paz igual que el de las Farc si no se les puede garantizar la impunidad del delito de narcotráfico. El triunfo de Iván Duque es el mensaje que le da Colombia al Congreso, nuestra escala de valores no acepta que los criminales sean los que dicten el porvenir de nuestro país. ¡Que los extraditen!

@ANIABELLO_R

Publicado: diciembre 21 de 2018