A principio del siglo XX el cine mudo estuvo en furor y quizá los símbolos fueron Charles Chaplin, El Gordo y el Flaco. Se trasmitían los mensajes a través de gestos y movimientos, solo imágenes. Nos reíamos con la genialidad de Chaplin y disfrutábamos como niños las falsas salidas y ocurrencias del Gordo y el Flaco. Pero también, muchas escenas tristes nos hicieron llorar. El cine hablaba a través de lenguaje corporal.

Pero pasaron varias décadas hasta descubrir que estructuras cerebrales eran responsables de la recepción e interpretación de todos estos mensajes. Un grupo de investigadores en Parma (Italia), liderados por Rizollatti, en 1996, estudiando el área motora de los macacos lo encontró por casualidad. Lo que el investigador hacía era estimular las mismas neuronas responsables en el animal de experimentación. Son esas neuronas que se activan cuando se ejecuta o cuando vemos realizar esa acción. Pero su función va más allá; sentimos tristeza, dolor, alegría cuando observamos que nuestro interlocutor siente lo mismo. Nos ayudan a comprender la conducta de los demás y como se sienten.

Como actúan reflejando lo que ve, se les conoce como Neuronas en Espejo. Es quizá uno de los grandes descubrimientos del Siglo XX y confirman porqué somos seres sociales. Imitamos, comprendemos y sentimos lo de nuestros semejantes. Son las responsables del comportamiento empático y algunos piensan que tienen el germen de la moralidad. ¿Quién no se conmovió con la escena de Love Story, “abrázame antes de morir” o viendo el Doctor Zhivago?

Señalemos algunas de sus aplicaciones. En el aprendizaje, los alumnos imitan al profesor y se convierten en una gran herramienta pedagógica. Si nuestros docentes conocieran sus potencialidades para la enseñanza no tengo duda que sería la primera en aplicarse en los currículos. Cultivar una nueva actividad (deportiva, por ejemplo) se facilitaría, el alumno tendría de cerca al profesor. Nos permite aprender de los demás. En Medicina, utilizando la telemedicina y los programas de realidad virtual sería fundamental en las sesiones de rehabilitación. El enfermo ve los movimientos correctos de su terapeuta y las neuronas en espejo se activan grabándolo. Eso somos, modelo de los otros.

En las emociones es fascinante. Le sonrío al bebe y este capta la imagen. La lleva hasta las neuronas en espejo y se crea una reproducción interna de este movimiento. Desde allí viajan a la ínsula y termina el bebe sintiendo la alegría del padre con la sonrisa. Vayan a Irán y verán que se pueden comunicar con los gestos de la mano, esto es por estas neuronas especulares. Igualmente, el bostezo es contagioso y sin lugar a duda, lo extraordinario: ¡las emociones! Nos permiten las neuronas en espejo ponernos en los zapatos de los demás. Me facilita la conexión con los otros: “estoy en tu pellejo”. Nos hacen más sensibles, cierto. ¡Pero también, más humanos!

En estos tiempos de coronavirus, ¿que necesitamos ?: aprender y enseñar por imitación el comportamiento que aplica las medidas de higiene básica, cuidar a los más vulnerables y proteger a nuestra familia (confinamiento), y despertar una empatía y solidaridad generalizada para superar esta pandemia. Asertivo cuando V. Ramachandram, experto en neurociencias, se refiere a ellas como “neuronas Gandhi”. 

Rizzolatti, G. et al. (2007). Neuronas espejo. Investigación y Ciencia. Enero, 14-21.

@Rembertoburgose

Publicado: marzo 26 de 2020