Se nos podrán pelar los dedos de las manos, nos podrán salir callos en la boca, pero no nos vamos a cansar de denunciar y combatir el problema que está carcomiendo a Colombia: el tráfico y el consumo de drogas ilícitas.

Ya en una de nuestras columnas publicadas en este mismo espacio, hicimos un recuento de cómo fue que esa plaga malita llegó a nuestra sociedad, en dicha oportunidad expresamos que nuestro calvario se incrementó, cuando no satisfechos con la exportación de ese producto execrable, caímos en las garras del consumo.

Hoy nuestros niños y jóvenes son cada vez más propensos a iniciarse en el vicio de la drogadicción, el microtráfico es el dueño de las calles en las ciudades y los municipios, los colegios se han vuelto verdaderas plazas de mercado en las que el producto comercializable es el mismo en el que estamos nadando.

Pero como si fuera poca la desgracia de ver perder generaciones enteras entre lineas blancas de cocaína y humaredas de marihuana, el actual gobierno, colmado de la vanidad de su dirigente por lograr un Nobel de Paz, negoció hasta la conciencia con el mayor cartel de cocaína en el mundo que son las Farc.

Poco o nada le importó a Juan Manuel Santos sentarse a manteles con los narco-terroristas que envenenan a nuestras jóvenes con su condenado producto, tan sólo eso basta para entender el irrisorio conocimiento del presidente acerca de la problemática nacional, nadie le ha explicado a Santos que el narcotráfico es el combustible que alimenta todas las guerras en nuestro país y que mientras haya cocaína habrá guerra.

Habremos de recordar que el Plan Colombia y la política de Seguridad Democrática habían arrinconado entre lo profundo de la selva a los narcotraficantes, al tiempo que otros de sus camaradas se escabullían como sanguijuelas por las fronteras con Venezuela y Ecuador, el tráfico de alucinógenos se había reducido de manera sustancial, mostrar el pasaporte en los aeropuertos del mundo ya no iba acompañado de la ruborización que padecíamos los colombianos.

Pero este gobierno alcahueta le dio oxigeno a la culebra que agonizaba en la selva, las Farc revivieron y lo hicieron cargadas de herramientas con las que pretenden cumplir su cometido de llegar al poder; para empezar continuaron con su muy lucrativo negocio de la cocaína, se expandieron a más no poder, tanto así, que estamos seguros que si Pablo Escobar viviera, hoy sería un lugarteniente en las poderosas estructuras mafiosas de las Farc.

Hicieron la pantomima de entregar unos fierros viejos, pero los últimos acontecimientos en Cauca, Nariño, Putumayo y otras zonas del país, nos permiten ver que lo que llaman las disidencias o los residuos -que al fin y al cabo son las mismas Farc- se quedaron con el arsenal pesado y así no solamente tienen la financiación de la coca, sino también el brazo armado para proteger sus cultivos.

Como quien dice se quedaron con el oro y el moro…

Esta ignominiosa situación la hemos denunciado por todos los medios posibles, pero al actual gobierno poco le importa, nos llamaban enemigos de la paz por advertir que el país nadaría en coca y que las Farc se tomarían el poder aplicando su ideario marxista-leninista de la combinación de todas las formas de lucha. Tubo que salir el Fiscal General de la Nación a decir que el narcotráfico expropiaría la paz y ahora hasta los Estados Unidos desmienten al gobierno de Santos, no tardaran en decirles paranoicos al fiscal y a las autoridades norteamericanas; mientras tanto, que se nos pelen los dedos y que nos salgan callos en la boca, pero no le entregaremos el país a los narco-terroristas.

@MiguelCetinaC

Publicado: octubre 25 de 2017