Pienso a menudo en lo que dijo Dostoevsky acerca de su personaje Dimitri Karamazov: que él pone de manifiesto la lucha entre Dios y el diablo que se libra en el interior de cada ser humano.

Yo mismo la he vivido y por eso digo que creo firmemente en Dios, que me ha mimado con su gracia, pero también en el diablo, porque lo he sentido dentro de mí no pocas veces. En esta hora final de mi existir, cuando hago examen de conciencia, no puedo dejar de pensar que en mis múltiples desvaríos estuvo presente la perversa acción del maligno.

Hace poco, leyendo un interesante artículo de Pedro Aja Castaño, encontré una cita del libro de Mgr. Andrea Gemma, “Confidenze di un exorcista”, que llamó mi atención.

Buscando en Google información sobre el libro y su autor, dí con  de la obra de Francesco Vaiasuso y Paolo Rodari, “Mi Posesión: cómo fui liberado de 27 legiones de demonios“, y la descargué en Kindle.

Es un texto fascinante, aunque aterrador, que prácticamente devoré. Rodari es periodista y colaboró con Vaiasuso para la redacción del escrito, que documenta el fenómeno de la posesión demoníaca desde la perspectiva misma del poseso, a diferencia de  muchos libros de exorcistas, que relatan sus acciones, pero desde fuera.

Se atribuye a Baudelaire lo de que la última mentira del diablo es convencer a la gente de que no existe. Y, en efecto, muchos no creen que lo haya. Pero los testimonios de los exorcistas indican todo lo contrario: existe y obra profusamente no sólo en los individuos, sino en las sociedades, por medio de la tentación, la obsesión, la vejación, la infestación y, por último, la posesión.

Malachi Martin escribió varios libros muy ilustrativos sobre su actividad como exorcista y la presencia conspicua del satanismo en los Estados Unidos. En uno de ellos relata la ceremonia diabólica que se realizó simultáneamente en Roma y los Estados Unidos a poco de la entronización de S.S. Pablo VI  para hacerle una consagración a Satanás. Es probable que este hecho hubiera dado lugar a lo que el Papa dijo un tiempo después acerca de que el humo del infierno había penetrado en la Iglesia. Martin, al momento de escribir a fines del siglo pasado, calculaba en unos 8.000 los templos satanistas en los Estados Unidos.

Fue precisamente en una misa negra a la que lo llevó con engaño una amiga de su madre, cuando apenas tenía cuatro años, donde a Francesco le dieron a beber un repugnante bebedizo que abrió las puertas para la posesión por parte de 27 legiones de demonios, encabezadas por su príncipe, el mismísimo Satanás. Muchos sufrimientos físicos y mentales hubo de padecer desde ese momento hasta que, luego de un sinfín de exorcismos, años más tarde hubiera logrado liberarse de esas fatídicas presencias.

Hace algún tiempo asistí acá en Medellín o, más precisamente, en Envigado, a una conferencia que dictó el Dr. Ricardo Castañón en la iglesia de la Niña María. Dio comienzo a su exposición manifestando su inquietud por la presencia del satanismo entre nosotros. Según él, el Vaticano satanista se encontraba a la sazón en Pereira, donde hubo por esos días unos alarmantes sacrilegios.

Se habla de la afición de ciertos de nuestros dirigentes políticos a la brujería y otras artes diabólicas. Nada raro es, dado que la sociedad colombiana ofrece serios indicios de influencia demoníaca en sus altas esferas. El solo hecho de que seamos hoy por hoy los mayores productores de cocaína en el mundo ya da pie para pensar en una influencia decisiva de Satanás. En uno de los exorcismos que sufrió Francesco, aquél se jactó de dominar el 49% de la humanidad. Reconoció que no había podido alcanzar el 51% por obra de su odiado Jesucristo.

En los mensajes de Medjugorge, la Santísima Virgen suele llamar la atención sobre la presencia del demonio en el mundo actual. Sólo en la medida que fortalezcamos nuestra espiritualidad podremos contrarrestarla. Francesco, en el fondo, fue su propio exorcista, pues no se dejó vencer por las potencias infernales y luchó con denuedo contra ellas armado por su vigorosa fe en Nuestro Señor Jesucristo y la Santísima Virgen. Su testimonio es edificante.

Jesús Vallejo Mejía

Publicado: noviembre 3 de 2020