El pasado fin de semana, el presidente Juan Manuel Santos tuvo una nueva salida en falso contra la oposición democrática en Colombia. Esta vez fue en Barranquilla, en el marco de la entrega de unas casas a personas de escasos recursos.

Refiriéndose a la jornada de recolección de firmas que está liderando el expresidente Álvaro Uribe, Santos expresó que “me río cuando algunos tratan de recoger firmas para que la guerra continúe”, frase desafortunada y que refleja el creciente nivel de intolerancia y desprecio de Santos hacia la oposición política de Colombia.

La reacción no se hizo esperar. Diferentes dirigentes del uribismo le respondieron en fuertes términos al presidente. La senadora Paloma Valencia dijo: “Yo, en cambio lloro por Colombia. El gobierno más corrupto e impopular aliado con el narcoterrorismo hablan dizque de paz”. Por su parte, el expresidente Uribe escribió en su cuenta de twitter una invitación a sus seguidores: “Para ayudar a Santos a reírse más, que muchos más colombianos firmen contra el desgobierno y el riesgo de Colombia”.

Una democracia es vigorosa en tanto el gobernante respete las iniciativas de quienes se oponen a él. Santos no es el presidente del 12% de personas que lo respaldan, ni el presidente las Farc que negocian con él. Es el presidente de todos los colombianos, ergo debe ser garante de las libertades constitucionales de quienes lo apoyan –la gran minoría- y de quienes se le oponen –la contundente mayoría-.

La jornada de recolección de firmas contra los acuerdos de La Habana sigue cumpliéndose exitosamente

en diferentes ciudades del país.

Desafortunadamente, y a diferencia del risueño residente, el país tiene muchas más razones para estar triste y deprimido que para sonreír. Estos son 5 motivos de tristeza :

  1. La entrega de nuestra democracia a un grupo armado terrorista como las Farc, que no pagarán un segundo de cárcel por los crímenes de lesa humanidad que han cometido a lo largo de los años.
  2. Las víctimas de las Farc no solo no verán a sus victimarios en la cárcel, sino que en virtud del acuerdo alcanzado en La Habana, éstos quedarán automáticamente facultados para ser, en cualquier momento, sus gobernantes y sus legisladores, lo cual es una inaceptable vía para la revictimización.
  3. La economía colombiana hace agua por todos los frentes. La desaforada devaluación del peso, ha encarecido exageradamente los precios de muchos bienes y algunos servicios que necesitan los colombianos en su diario vivir. Los salarios no suben proporcionalmente con el aumento del costo de vida.
  4. Colombia ha sido desmembrada territorialmente durante los casi 6 años de gobierno de Juan Manuel Santos. Hemos perdido buena parte del mar caribe y estamos adportas de perder una mayor fracción de nuestras aguas, como consecuencia del pésimo manejo de nuestras relaciones internacionales y de la improvisación por parte del Ministerio de Relaciones Exteriores en la defensa de la nación ante la Corte Internacional de Justicia.
  5. En los últimos años, Colombia ha registrado cómo sus niveles de corrupción se disparan. Gracias al estilo de gobierno de Juan Manuel Santos, de comprar con recursos públicos los apoyos de la clase política, de los grandes medios de comunicación y de los gobernantes regionales a través de la tristemente célebre “mermelada”, el dinero que debía estar siendo invertido en obras de infraestructura, hospitales y mejorando la educación, está siendo destinado para el soborno y la compra de conciencias.

El “sonriente” abogado de oficio de Carranza

Son muchas las explicaciones pendientes que Juan Manuel Santos tiene con el país y que seguramente cuando se le recuerdan él no sonríe mucho. Lo primero, sus relaciones delictivas con grupos armados ilegales, con los que se concertó para derrocar al gobierno de Ernesto Samper (Ver artículo “Cuando Santos se reunía con Castaño”).  Aquella no fue la única vez que el presidente de los colombianos tuvo contactos con el mundo criminal.

En 2007 el doctor Alfonso Gómez Méndez, exfiscal General de la Nación recordó un episodio bastante desagradable y que deja muy mal parado a Juan Manuel Santos. En palabras de Gómez Méndez, “en febrero de 1998 se adelantaba un proceso contra Víctor Carranza por secuestro y por conformación y financiación de grupos paramilitares. No había facilidades para capturar a Carranza. Sectores del ejército y de la policía no se querían meter abiertamente. Entonces un grupo elite del CTI, finalmente logra capturar a Carranza, para que respondiera por esos hechos.. En esas condiciones me llama como a las doce y media de la noche el doctor Juan Manuel Santos y me pregunta por la captura de Víctor Carranza y yo le digo que sí, que claro, que la captura ya se había llevado a cabo. Manifesté mi extrañeza de que una persona como el doctor Juan Manuel Santos me llamara a esas horas a preguntarme por ese personaje”. Para Gómez Méndez, la llamada de Santos buscaba “interceder” a favor del capo de la mafia, Víctor Carranza.

Santos, recurrentemente ha evadido responder por su estrecha vinculación con Víctor Carranza, en cuyo helicóptero viajaba frecuentemente. “Uno no  llama por un desconocido a un fiscal general a altas horas de la noche”, dijo en su momento Alfonso Gómez Méndez.

Entonces, más valdría que el presidente Santos, en vez de perder el tiempo riéndose de la oposición colombiana, se pusiera un poco serio y sin eufemismos ni evasivas, le explique al país porqué un hombre de su importancia en los medios de comunicación y en la política nacional ejercía en las noches como abogado de oficio del gran capo del narcotráfico, Víctor Carranza.

@IrreverentesCol