La decisión del Consejo de Estado de declarar la nulidad de la elección de Antanas Mockus como Senador deja un mensaje muy claro: nadie está por encima de la ley. Haber fallado en sentido contrario hubiera significado que cualquier persona puede contratar con el Estado y al mismo tiempo ser candidato, lo que genera, en la práctica, que los recursos públicos terminen financiando indebidamente contiendas electorales.

Si el Senador objeto de la demanda hubiera sido militante de Cambio Radical o Centro Democrático no habría tanto alboroto mediático y los miembros de la oposición estarían resaltando la noble labor de la justicia colombiana. Pero claro, como la decisión es en contra de uno de ellos, no dudan en victimizarse.

Sin embargo, más allá del contexto jurídico en el cual se tomó dicha decisión hay un aspecto muy claro que determinó las pasadas elecciones a Congreso. Claudia López y su partido instrumentalizaron a un hombre que se encuentra en una etapa muy avanzada de su enfermedad para obtener 5 curules adicionales en el Senado.

Mockus, cabe aclarar, no es ningún santo. Confesó haber ayudado a las Farc en el pasado y con su fundación tuvo contratos millonarios con el Gobierno Santos para apoyar el proceso de La Habana -como buena parte de los promotores del acuerdo-. No obstante, su experiencia en el sector público y su conocimiento respetuoso de las diferencias contribuía y enriquecía las discusiones propias del debate político.

Sin su participación, esa colectividad hubiera seguido ostentando la representación ínfimamente minoritaria que tenía hace cuatro años y que no significaba mayor cosa al momento de hacer el conteo de los votos en el Senado.

Por eso, la ahora candidata a la Alcaldía de Bogotá y los demás promotores de la dichosa “consulta anticorrupción” no dudaron en lo más mínimo para poner de cabeza de lista a un candidato abiertamente inhabilitado.

Pero, lo más grave, es que estos no tuvieron compasión alguna al someter al desgaste físico de una campaña electoral a una persona que no tiene la misma lucidez de hace unos años y que en estos 9 meses de trabajo legislativo no pudo intervenir más de 4 o 5 veces, precisamente por el avanzado estado de su enfermedad que hacía denotar su cansancio en las sesiones de 8 y 9 horas hasta media noche en el Congreso.

Si ella fue capaz de hacer semejante cosa, ¿De qué no será capaz con tal de ganar la Alcaldía? ¿Acaso conoce de límites? ¿Es realmente tan impoluta alguien que usa a su antojo al que le convenga sin importar su estado de salud?

PD: el Presidente no debe enfrascarse en una pelea innecesaria con Trump. Antes de salir a torear a un aliado estratégico debería hacer el tan necesario corte de cuentas que desde su posesión el pueblo le pide y, al mismo tiempo, utilizar todos los medios que estén a su alcance para que la Corte avale el uso del glifosato para, de una buena vez por todas, reactivar la lucha frontal contra las drogas y disminuir el nefasto narco-legado que dejó Santos.

@LuisFerCruz12

Publicado: abril 16 de 2019