Detesto el día de la mujer, no le veo ningún sentido a que me feliciten porque un espermatozoide con el cromosoma XX corrió más rápido que otro con el cromosoma XY. Así como no espero felicitaciones, tampoco espero que se me mida con una vara moral o legal distinta a la de un hombre.  Y aunque me guste que me abran una puerta y que me dejen entrar primero a un ascensor, no espero ni aspiro a estar por encima de la ley.

Ahora resulta que en Colombia hay ciertas banderas que escudan a las personas que las enarbolan ofreciendo una especie de “tapo moral o legal”. Si usted nació mujer, si tiene una preferencia sexual distinta, si no es de un color blanco cundiboyacense o si decidió en algún momento simpatizar con las Farc, puede pretender estar por encima de los reclamos respecto a su actuar.

Últimamente muchas controversias han llegado a un final prematuro e irresoluto enarbolando una de esas banderas. Algunos políticos o personajes públicos pretenden ser adalides de ciertas causas para sacar provecho independientemente de si su actuar le hace bien o mal a la causa.

Es así que vemos casos como el de cierta senadora a la que se le ha reclamado numerosas veces por ser grosera e irrespetuosa con quien le provoque, pero que pretende mágicamente liberarse de toda responsabilidad cuando dice que se le ataca por ser mujer y por ser lesbiana.   Frente a sus argumentos los episodios donde lo único que le falta es volear un machete gritando gonorrea pasan a un segundo plano.

Esta semana, en Noticias RCN, Alirio Uribe, en un debate con el senador José Obdulio Gaviria acerca del concepto del Consejo de Estado que tumba la inhabilidad de Piedad Córdoba, dijo que se le debería perdonar porque es mujer,  negra y de izquierda. El hecho de que el concepto se base en un vicio de forma y no de fondo y que ahora pretenda una indemnización de 1.300 millones de pesos es completamente irrelevante porque la exsenadora es mujer, negra y de izquierda. Hágame el favor.

Esta semana se generó otra gran controversia por cuenta de unas cartillas del Ministerio de Educación para hacer pedagogía de género en los colegios. Mi reflexión al respecto es la siguiente: el matoneo existe desde que existe el ser humano, y  en la Biblia por ejemplo relatan cómo entre Eva y la serpiente matonearon a Adán para que se comiera la manzana.

El problema central es el matoneo, porque los niños siempre encontrarán alguna razón para montársela a otro, ya sea porque es flaco o gordo, o usa brackets o lentes, porque es gay o porque tiene granos en la cara.  Si el Ministerio de Educación quiere ejecutar una política seria, debe empezar por darle las herramientas a los educadores para estar vigilantes y actuar de manera contundente frente a los casos de matoneo. Es lamentable el caso del muchacho Urrego que se suicidó, no por ser gay, sino por el matoneo que sufrió en su colegio.  Así hay muchos otros casos a nivel mundial en los cuales jóvenes se han suicidado a causa del matoneo, independientemente del origen del mismo.

Resulta paradójico que la implementación de una política de pedagogía haya originado una de las movilizaciones más masivas que haya visto éste país, generalmente apático y enemigo de los plantones.   Algo le salió mal en el cálculo a la ministra Parody, porque en un país que no ha sido particularmente homofóbico y que ha venido dando pasos de gigante con respecto al tema de la diversidad sexual, por primera vez oímos unos insultos cargados de odio contra los homosexuales que nada tienen que ver con las políticas fallidas del Ministerio de Educación.

Lamentablemente, como era de esperarse,  la ministra, antes de aceptar su responsabilidad, decidió escudarse detrás de mentiras como que las tales cartillas no existen – mientras que le sacan a relucir el contrato para mandarlas a hacer – y de confundir los reclamos a su gestión con ataques personales a su condición de género y sexual.

Si seguimos dejando que nuestros funcionarios públicos se escuden detrás de sus banderas de minorías,  llegaremos al punto en que al único que se le podrá reclamar eficiencia y responsabilidad será al hombre blanco, heterosexual y  de centroderecha.

 

@ANIABELLO_R