Cuando un funcionario de alto nivel yerra en el ejercicio de sus funciones, debe extender de manera inmediata su carta de renuncia para evitarle así un desgaste innecesario al gobierno nacional. 

La ministra de Justicia, Gloria María Borrero, desde su llegada al cargo en agosto del año pasado, ha cometido toda suerte de equivocaciones, pero la más reciente que denota su irresponsabilidad y evidente falta de compromiso con la agenda del presidente Iván Duque, es más que suficiente para que ella, sin tiene un ápice de dignidad, proceda a redactar y presentar su renuncia al cargo. 

Borrero empezó mal. Olvidando que es ministra de un gobierno que fue elegido con los votos del uribismo, tan pronto asumió el cargo, de forma inadmisible declaró que “la JEP está ahí; llegó para quedarse”.

Olvidó la funcionaria que el partido que llevó al doctor Duque a la presidencia ha presentado sustentadas críticas frente a ese tribunal nefando que fue inventado para garantizar la impunidad de los terroristas, tal y como se ha visto desde el mismo instante en que empezó a funcionar.

Una de las más grandes necesidades de Colombia es, precisamente, que la justicia sea reformada desde sus más profundos cimientos. La rama jurisdiccional colombiana es un antro de corrupción que tiene que ser íntegramente modificada. La doctora Borrero estaba en el deber de preparar y presentar un proyecto de reforma. Ella, pendiente de agradar a las altas cortes, cayó en la trampa de negociar con ellas el texto de la iniciativa, algo que resulta contraevidente: es como si el Estado tranzara con los evasores de impuestos una reforma tributaria. 

Pero lo que es más grave: la ministra, que debe dialogar con los partidos políticos que integran la coalición de gobierno, no habló con esas bancadas y prefirió tratar de imponer la reforma a las malas, valiéndose de su temperamento agresivo, intemperante y muchas veces grosero. 

El resultado era previsible: la reforma a la justicia se hundió en la cámara de Representantes. 

Se embolató la carta

Trascendió que el ministerio de Justicia recibió a comienzos del mes de diciembre una carta que fue remitida por la JEP en la que ese tribunal solicitaba al gobierno de los Estados Unidos pruebas contra el capo del narcotráfico, alias Jesús Sántrich.

Como es sabido, la JEP lleva meses enteros tratando de enredar el proceso de extradición de Sántrich, pero aquello no habilita a la ministra de Justicia para hacerle la segunda a ese tribunal.

La funcionaria, que debería saber que la extradición de Sántriches un asunto prioritario para el gobierno colombiano, en vez de asignarle a ese asunto la importancia que merece, ordenó de forma insólita que la solicitud de la JEP fuera embutida en un sobre y remitida por correo ordinario a los Estados Unidos, sin hacer el seguimiento ni atender los procedimientos que deben observarse en ese tipo de trámites. 

Causa extrañeza que la carta en cuestión se haya enviado a través del servicio postal colombiano -de probada incompetencia- y no se haya utilizado el canal diplomático que existe en la cancillería colombiana. Ese tipo de asuntos, por seguridad, celeridad y protocolo, se deben manejar a través del ministerio de Relaciones Exteriores, cosa que dolosamente no hizo la cuestionada ministra Gloria María Borrero.

La explicación brindada por la funcionaria cuando las autoridades estadounidenses ratificaron que nunca recibieron la dicha carta, parece una vergonzosa burla. Según ella, el sobre está embolatado desde diciembre del año pasado en Panamá.

¿Cómo es posible que la ministra no haya ordenado que un asesor del ministerio le hiciera el debido seguimiento a esa carta? 

Gracias a esa falta de criterio y de responsabilidad de la funcionaria, la JEP, que tiene todas las ganas de impedir la extradición de Sántrich, tendrá en sus manos un argumento de fondo para concluir que ese mafioso no podrá ser enviado hacia los Estados Unidos. 

El presidente Duque es un gobernante que trabaja con denuedo, responsabilidad, compromiso y disciplina, siempre pensando en hacer de Colombia un mejor país. Sus ministros -todos- deben observar el mismo compromiso.

Es evidente que la doctora Borrero, quien desde mismo instante en que asumió su cargo no ha estado a la altura de las responsabilidades que le fueron delegadas, tiene que irse del ministerio. Su presencia es nociva y le hace un daño irreparable al señor presidente de la República, Iván Duque Márquez. 

Nota de la edición: Este portal intentó hablar con la ministra Borrero, pero ella no quiso responder los mensajes que le fueron enviados, fiel a su estilo de despreciar todo lo que sea cercano al uribismo. 

@IrreverentesCol

Publicado: enero 31 de 2019