Terroristas. A las cosas hay que llamarlas por su nombre, sin eufemismos ni matices de ninguna naturaleza. Y eso es lo que son algunos de los integrantes de la minga.

Nadie puede llamarse a engaños. No estamos frente a un movimiento social de aborígenes que buscan la legítima reivindicación de sus derechos, sino ante un zafarrancho violento que tiene el objetivo evidente de tumbar al gobierno del presidente Duque. 

La extrema izquierda colombiana está envalentonada. Esa corriente se siente con el poder para derrocar al Ejecutivo.

Seguramente creen que como fueron capaces de secuestrar a Uribe durante más de 2 meses, también podrán defenestrar a Duque a través de una movilización violenta de indígenas caucanos, debidamente adoctrinados, armados y entrenados para generar una revuelta de gran magnitud. 

Circula un video de los desadaptados miembros de la minga que llegaron a la ciudad de Bogotá, quienes desplegaron una pancarta en la que invitan a la muerte del presidente Uribe. 

Queda claro que estamos ante un movimiento terrorista que pretende la aniquilación física del jefe político más importante del país y no de una marcha ciudadana con fines pacíficos. 

El petrismo, con el apoyo decidido de la alcaldesa Claudia Nayibe López, se han empleado a fondo para permitir la presencia de los revoltosos en la capital de la República. 

Esta situación obliga a implementar todas las medidas correspondientes para evitar una tragedia de talla mayor. 

En Ecuador, en el año 2000 un movimiento de indígenas descontrolados y energúmenos, logró el derrumbamiento del presidente Jamil Mahuad. 

Luego de varias semanas de protestas lideradas por la denominada ‘Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador’ -CONAIE-, el gobierno sucumbió. Algo que en principio parecía perfectamente improbable, al cabo del tiempo terminó haciéndose realidad. Mahuad cayó en pocas horas como consecuencia de la presión de los indígenas, que lograron el apoyo de una facción de las fuerzas militares que encabezaba el coronel Lucio Gutiérrez.

Petro y sus secuaces son delincuentes con un evidente desafecto a los valores democráticos. Lo que el exterrorista del M-19 no pudo lograr en las urnas en las elecciones de 2018, ha procurado ganarlo a través de las vías de hecho, estimulando el desorden, el odio, la sed de revancha y la destrucción de la institucionalidad.

A esa minga no se le puede dar el tratamiento de un movimiento legítimo. La Fuerza Pública está en mora de intervenir para efectos de evitar un cataclismo, razón por la que, por motivos de seguridad nacional, debe desintegrarse cuanto antes el movimiento que claramente ha llegado a la capital de la República con el fin de incendiar al país. 

@IrreverentesCol

Publicado: octubre 18 de 2020