Algunas personas que me siguen por las redes sociales piensan que siento una animadversión muy grande por el senador Gustavo Petro. Nada más alejado de la realidad. No tengo nada personal en contra del líder de la Colombia Humana. Es más, las veces que he conversado con él me ha parecido que es un tipo bastante simpático, además de ser una persona con una inteligencia sobresaliente.

Mi problema con Petro no es de ideología tampoco. Me considero un libertario de los de verdad, de esos que no juzgan. Los libertarios somos unos convencidos de que la gente es libre de hacer lo que le venga en gana con su vida mientras esas decisiones no coarten las libertades del prójimo. Mi problema real con Petro es su carácter demagógico innato, y la completa falta de arrepentimiento que siente cuando engaña a sus votantes, unos que muchas veces no han tenido la capacidad de educarse lo suficiente para darse cuenta de que les están mintiendo descaradamente. 

Un ejemplo fidedigno es la política barata que lleva a cabo el senador Petro para con la industria de la minería y el petróleo. La minería y el petróleo representan el 7% del PIB anual de Colombia. En promedio, entre 2010 y 2017 el gobierno recibió $9 billones (más o menos 1% del PIB) en regalías de la minería y del petróleo. Esos recursos financiaron 33% de toda la obra pública que se ejecutó en las regiones. Como argumenté en una columna reciente en La República, gracias a las regalías de la minería y del petróleo, según las cifras oficiales del DNP, entre 2012 y 2016 Colombia pudo (1) pavimentar 50.000 kilómetros de carreteras, (2) financiar la maestría de 3.263 profesionales, (3) construir y renovar 748 colegios, (4) renovar o construir 271 hospitales, (5) construir 95.000 viviendas, (6) construir 1.702 instalaciones deportivas, y (7) proveerles agua potable a 10 millones de colombianos. Es claro que para el senador Petro estas cifras “no existen” y por eso insiste en hablar de la prohibición de la explotación petrolera. 

Es cierto que el calentamiento global es quizás el mayor riesgo que enfrenta el mundo hoy en día. Pero el análisis de Petro es completamente improcedente. Me explico: Colombia emite solo 0,37% de todos los gases efecto invernadero en el mundo. China, el 27% y EE. UU. el 11%. Colombia es un jugador marginal en el calentamiento global. Existe una relación unitaria entre la utilización de energía y el ingreso per cápita en los países, y la única forma que tiene Colombia de acabar con la pobreza es incrementando la utilización de energía. ¿No les parece totalmente injusto condenar a Colombia a ser un país pobre por siempre? ¿No es más justo exigir que el mundo desarrollado disminuya su huella de carbono antes de que Colombia lo haga?

El otro tema inexplicable es la fijación de Petro para con la impresión de papel moneda “para sostener la economía familiar”. La completa incapacidad del Senador Petro de entender que las consecuencias de imprimir dinero en EE. UU. son totalmente diferentes a las que se verían en Colombia es realmente preocupante. Quiero creer que Petro sí entiende que lo que él propone que haga el Banco de la República es una imposibilidad macroeconómica, y que si llega a ganar en el 2022 se hará el de las gafas con sus propuestas fantásticas. Porque si ese NO es el caso, Colombia se tendrá que despedir de la baja inflación y nos tendremos que acostumbrar a ver inflaciones superiores al 30-40% atadas a una represión financiera brutal. Eso también implicará el final de la capacidad de los colombianos del común de comprar una vivienda, ya que el mercado de hipotecas desaparecerá del todo. 

Insisto. El problema de Gustavo Petro no es su ideología o su pasado revolucionario. Ricardo Lagos (expresidente de Chile) era un revolucionario también y demostró ser un gran estadista. El problema de Petro es que es un irresponsable con un inmenso nivel de terquedad. Ojo con el 2022.

@AlbertoBernalLe

Publicado: septiembre 14 de 2021