Múltiples mensajes he recibido después de conocer el resultado de los comicios del domingo 27 de octubre. Unos estimulantes y halagadores; otros con la clásica sentencia: “se lo dije, ni se acerque a esta candela. Usted es un académico”. Los menos, ácidos y burlescos, haciendo referencia al pataleo que da el ahogado antes de sumergirse en las profundidades del remolino. Toques creativos y originales alguno de ellos: el que  muestra, por ejemplo, hermosos paisajes de Tinajones, boca grande, donde el Sinú se despide de San Bernardo del Viento. Todos estos envíos son bien recibidos y llevan a reflexionar sobre la trascendencia de ese día y  quienes, finalmente, fueron los ganadores.

En la región ganó un nuevo lenguaje y la forma innovadora de escoger el aspirante. Una inscripción abierta pero con  el rigor académico que la seriedad y la responsabilidad exigía. Antes de entrar al debate, los precandidatos presentaron y se analizaron sus propuestas; todos conocieron su visión para encarrilar el rumbo del Departamento. Esta precampaña de 8 semanas consolido la mentalidad de los aspirantes y  dio fundamento  y altura a los programas. Cero discursos veinte juliero, cero populismo y lejos de retórica costumbrista. Solo formulas viables de solución. Distante y muy lejos  de la repartición anticipada del pudin burocrático que compra apoyo y financiación, costumbre infame, con los cuales han domesticado la población otros sectores.

La democracia participativa como fórmula de selección; combinación de encuesta abierta y cerrada determinaron  quien  era el candidato. Paralelo a este proceso académico la plataforma ética y el principio de probidad como garantes de la transparencia de los aspirantes. Que difícil tarea evaluar la honestidad de las personas; el Comité de Ética  del Partido, respondiendo a nuestros solicitud, indago por los antecedentes disciplinarios en los organismos del control .Nuestros precandidatos no registraron antecedentes disciplinarios y firmaron el Pacto de Transparencia.

El grupo de validadores se convirtió en  comité de asesores (cordobeses probos, sin tachas); las propuestas del candidato fueron enriquecidas en los diversos temas y dándole mayor impacto a las políticas sociales donde la educación y la salud fueron los bastiones del proyecto. Así, caminamos como extensión del plan de estado del partido de gobierno.

Nuevas palabras aparecieron en la caligrafía pública: probidad, control y sanción social, la narrativa soñada. Cero tolerancia a la corrupción y castigo severo, incluyendo muerte social, para quienes se roban los recursos públicos. Sin temor afirmamos que preferíamos un candidato perdedor que un gobernador electo con la compra de votos. Esta deuda y la hipoteca de la autonomía en manos de los “clanes empresariales” (mercado de votos)  es tóxico y hay que desterrarla. Igualmente a estos individuos ruines, quienes por  años han encontrado en la política la forma de engordar sus botines, se roban sin escrúpulos las  soluciones de las necesidades básicas insatisfechas  de sus conciudadanos.

Los candidatos que ganaron limpiamente: felicitaciones. Merecen respeto y apoyo. Los electos perdedores, esos que hipotecaron su libertad y canjearon su conciencia a los mercaderes de la  política, dan lástima. Se taparon ojos y olfato tomándose fotos con esas pandillas que han envilecido la política. Las jóvenes promesas regionales, hoy en el sector público, que podían enaltecer la región sirviendo a la patria, ¡qué decepción! Pudo más la ambición intestina de la elección que la visión del futuro para enseñar a la próxima generación.

Esa noche recibí una llamada de mi madre quien  pronto llegara a los 89 años. Tiene el corazón limpio y la mente sana. Sus vitaminas cerebrales, la fe y los principios, han  gobernado su vida. Estaba inquieta y preocupada por esta “primera cirugía electoral” en la cual habíamos estado involucrados. Respondiéndole le comente que me sentía muy bien, había trabajado en quirófano casi todo el día, mi  apostolado apasionado. Me estremeció cuando al despedirse  me dijo: “siquiera no te metiste en esto pues te hubiesen masacrado. En esta tierra puede más la escasez que la convicción”. Ojalá tenga tiempo para ver como cambiamos esto despertando la conciencia de los electores sembrándoles, a esta gente buena, el germen  de la empatía.

Quería que durmiera tranquila, le exterioricé lo satisfecho que estaba con el trabajo realizado. Este primer intento fallido no me apartaría seguir trabajando, desde mi oficio primario, por ayudar a encontrar el camino para lo que Córdoba necesita. Ya en fase hipnagógica me preguntaba  por nuestra región y me desvelaba el futuro de la nación. ¿Qué es lo que están reclamando y pidiendo los colombianos?

Más que doctores, master, PhD, técnicos y toda la gama de oficios imaginable lo que esta tierra  pide, a gritos, es una plataforma. Un estrado desde donde alcen vuelo el inmenso talento de su recurso humano, la dinastía de la meritocracia. Este piso tiene un nombre, se llama: liderazgo moral. Con el grupo de personas que trabajamos  diseñamos un marco donde los principios encierran nuestras propuestas. Ese marco sigue y las propuestas se ajustaran a las necesidades y dinámica del devenir, pero nunca se saldrán de los límites de nuestros valores lo cuales no negociaremos, aunque nos toque –como el tango- volver a perder.

@Rembertoburgose

Publicado: noviembre 8 de 2019