La anterior alcaldía de Enrique Peñalosa tuvo grandes contradictores, sobre todo en grupos ambientalistas y de izquierda.                                                                                                                                                                                                     

Sin embargo, el progreso que vivió la ciudad en los años de su mandato fue incuestionable. En efecto, el sistema Transmilenio – con todos sus defectos- fue, en materia de desarrollo, el avance más importante en la historia de la ciudad.

Ahora, en su segundo mandato, se dio un importantísimo avance en un metro que Bogotá espera y necesita desde hace más de 60 años.

Estoy convencida de que el metro debe hacerse bien y dentro de la coherencia presupuestal del Distrito. Y hacerlo bien implica hacerlo amplio y con suficiente respuesta a las necesidades de los capitalinos. Porque es innegable que para desestimular el uso del carro particular, dicho metro debe convertirse en el medio de trasporte más eficiente y debe estar muy bien articulado con el SITP y Transmilenio. Pero, además, debe promover la  inclusión social y la igualdad.

Es por eso que celebro el nuevo trazado porque cumple con estos criterios, que considero indispensables para el éxito del proyecto a mediano y largo plazo.

La construcción se hará, según fue explicado, en tres fases: la primera, desde el límite entre Bosa y Kennedy, a la altura del río Bogotá, hasta la Avenida Primero de Mayo con Avenida Caracas; la segunda, de la Avenida Caracas con Calle Primera hasta la Calle 72, por la Avenida Caracas; y la tercera fase, que no será como el resto del proyecto contratado el año próximo, de la Calle 72 hasta la Calle 127 con Autopista Norte.

Es cierto que a lo largo de la historia de Bogotá se han invertido miles de millones de pesos en estudios.  Ahora bien, que el metro escogido sea elevado es sin duda el menos caro y, por lo mismo, el trazado podrá ser más largo. Haberlo construido como sugería Petro habría implicado unos riesgos de sobrecostos que amenazaban con dejar quebrada a la capital de Colombia. Además, los suelos de Bogotá hacen dificilísima la realización de deprimidos. Hay que mirar lo ocurrido en la eterna obra de la Calle 94 con Carrera 30.

Si las cifras entregadas por la alcaldía son ciertas, este metro costará 180 mil millones de pesos menos por kilómetro, lo que al final será un ahorro y un trazado más largo (será de 30 kilómetros cuando se haya completado la primera línea). En total, la inversión será de $13,6 billones de pesos; y el nuevo sistema de transporte público moverá, en el 2022, cerca de un millón de personas diarias. El doble de lo que se esperaba con el modelo de Petro.

El Alcalde de la capital aseguró que Bogotá podrá convertirse en un ejemplo de sostenibilidad ambiental, lo cual resulta ser paradójico, cuando este ha sido uno de los puntos más criticados de su gestión. Sin embargo, el anuncio conjunto con el Presidente de la Republica constituye un avance sin precedentes para la capital y para el país. Aunque no debemos quedarnos en el optimismo ciego.

El metro elevado supone grandes retos en materia urbanística. Históricamente la existencia de puentes, como los que implica la construcción de un metro elevado, ha ido asociada con incrementos de criminalidad en esas zonas. Se especula que serán focos de pobreza y las implicaciones para las zonas aledañas a las estaciones podrían ser catastróficas. Habrá que hacer un seguimiento juicioso a los planes que tenga esta administración al respecto.

Por su parte, el Presidente dijo que en menos de un mes habría un documento CONPES, a lo cual estaremos muy atentos. Y es que los Representantes a la Cámara de Bogotá debemos velar por el cumplimiento de esta obra tan esperada y necesitada. ¿Será que por fin el metro será una realidad?

 

@Tatacabello