El mes de diciembre es esperado y anhelado por muchos y quizá detestado por algunos otros. Pero prefiero referirme a la parte positiva, agradable de esta época. Por estos días decembrinos el espíritu se regocija, se eleva y sonríe de forma única y especial, nada comparable con los demás meses del año. Y es que este mes tiene un toque, una luz que lo hace excepcional, la cual permite que nos encontremos consigo mismos pero también con aquellas personas que no hemos visto en largo tiempo o que hemos dejado de hablar. El ánimo de servir al otro se fortalece –aunque debería ser así los 365 días del año-. La música tradicional de diciembre vuelve a las listas de las distintas aplicaciones de música. Retorna la eterna incógnita respecto a que “¿por qué se casó Adonay?”. Las comidas típicas regresan a la mesa: el dulce cortado, la rosquilla con arequipe, los buñuelos, la famosa natilla y otras delicias gastronómicas se disfrutan en miles de hogares. Por otro lado, si bien la pólvora ha hecho parte de nuestra cultura desde hace años, es mejor tener precaución respecto al manejo sobre esta. Recordemos que muchos niños terminan quemados por irresponsabilidad propia o la de sus padres; pero no solo eso, el sonido que esta efectúa al explotar genera alteración en los bebés prematuros (llevándolos incluso a la muerte) y en las mascotas generan alteraciones; hay que pensar en las personas que nos rodean y no solo en nuestra dicha.

La invitación debe ser a compartir con nuestras familias, a compartir con nuestros amigos y seres cercanos, todo bajo los debidos estándares de la responsabilidad propia y para con los demás. No hagamos de este mes de alegría y renovación un espacio para la tristeza y la lamentación. Pensemos positivo, actuemos positivo y veremos cómo lo positivo llega a nuestras vidas. Si es el espacio pidamos excusas a quien las merezca, no podemos vivir del orgullo. Rodeemos al prójimo, estrechemos la mano del vecino y sirvamos a los demás. Y claro, si está en nuestras manos el poder alegrar o generar una sonrisa en alguien más, estamos en el deber de hacerlo. Un simple chiste, un pequeño detalle o un café pueden salvar una vida, no olvidemos eso.

Respetados lectores, arranquemos este mes como debe ser, claro, no podemos desconectarnos de la actualidad nacional, regional o local, pero para todo hay tiempo, y mi humilde llamado es a eso, a vivir este mes con profunda felicidad y enorme esperanza y fe.

@AndresSaavedra_

Publicado: diciembre 6 de 2018