No hay santista gratis. Eso es evidente. El expresidente Juan Manuel Santos pasará a la historia como uno de los mayores corruptores de nuestro siglo. Durante los 8 años de su gobierno, concentró sus esfuerzos en la compra de conciencias.

Su mano negra llegó a todos los ámbitos posibles: la política, los medios de comunicación, empresas privadas y hasta el mundo artístico. 

En las últimas horas, se conoció que la furiosa militante de izquierda, la cantante Adriana Lucía, entusiasta animadora del zafarrancho promovido por Gustavo Petro y organizadora de un concierto que tendrá lugar en los próximos días, con el propósito seguir enervando a los ciudadanos, fue beneficiaria de la mermeladacorrupta de Santos.

Efectivamente, trascendió un multimillonario contrato por más de $225 millones de pesos entre la cantante y Fontur, entidad adscrita al Ministerio de Industria y Comercio, el cual fue celebrado el 15 de junio de 2016.

El gobierno Santos, le desembolsó la jugosa cifra a la cantante en cuestión, a cambio de que ella compusiera la melodía intitulada “pa’ fuera los dolores” (SIC). Se trata de una producción de 225 segundos. En otras palabras, la cantante recibió exactamente $1 millón de pesos por cada segundo de su canción.

La artista cordobesa, está en todo su derecho de estar en desacuerdo con el gobierno de Iván Duque y de compartir los postulados de la extrema izquierda. Pero, luego de conocer el contrato con Fontur, es evidente que su posición política tiene un nauseabundo trasfondo ideológico.

Llama la atención que personas como como es el caso de esa cantante, se rasguen las vestiduras criticando la corrupción, mientras ejercen de “jueces morales” de la República, pero al mismo tiempo se encarguen de esconder sus propios “pecados”, pues si hay algo sintomático de la corrupción son, precisamente, los favorecimientos.

Adriana Lucía no ganó el contrato con Fontur a través de un concurso, ni de una licitación. No. A ella la beneficiaron y eso, así le produzca mucho disgusto, no es transparente ni decente. 

Al decir popular, estamos ante un caso de “la moral de la mata de mora”. Esos que marchan y estimulan el odio, que incentivan el resentimiento en los jóvenes, son muy cómodos alentando el desorden, mientras gozan de las ingentes sumas de dinero con las que el gobierno corrupto de Santos, llenó sus alforjas. 

@IrreverentesCol

Publicado: diciembre 5 de 2019