El gobierno no le exigió al Eln la devolución de todos los secuestrados ni la suspensión de esa práctica criminal.

El proceso de paz con las Farc estuvo rodeado de mentiras, desinformaciones y engaños por parte del gobierno. Desde el día en que Colombia supo de la existencia de los diálogos entre el gobierno y esa estructura criminal, Santos se encargó de enviar mensajes equivocados y, porqué no, mentirosos.

Aseguró que nunca, bajo ninguna circunstancia una persona con el prontuario de Timochenko, llegaría a ser senador de la República. Al final, con lo negociado y que el pueblo mayoritariamente rechazó en las urnas, el jefe máximo de las Farc quedaba habilitado para ser presidente de la República.

Sobre la impunidad, Santos le juró al pueblo colombiano que los delitos de lesa humanidad serían castigados con penas efectivas y privación de la libertad. Enfatizó que los máximos responsables de crímenes atroces serían condenados y privados de la libertad.

Al final de la negociación, terminó aceptando que las penas serían simbólicas y que habría restricción de movilidad para los responsables, es decir que tendrían a Colombia por cárcel.

Repitiendo la fórmula con el Eln

Todo indica que el naciente proceso con la guerrilla camilista Eln también va a estar rodeada de engaños al pueblo colombiano.

Aún no se ha instalado la mesa de negociaciones y las mentiras que se han dicho sobre los secuestrados resultan evidentes.

Luego de firmar el acuerdo final con las Farc, Santos se refirió al inicio de del proceso con el Eln asegurando que “si liberan a los secuestrados la misma semana entrante podríamos anunciar que comienza la fase pública de las negociaciones”.

Hablo de secuestrados, en plural. Todos los secuestrados deben ser liberados.

Pero los hechos demuestran que una cosa es lo que supuestamente exige el presidente y otra muy distinta lo que realmente está sucediendo tal y como se nota en los apartes del acuerdo entre el gobierno y el Eln filtrados por este grupo guerrillero.

Lo primero es que en ninguna parte se lee la existencia de un compromiso formal del Eln para suspender el secuestro y liberar a la totalidad de personas que tienen en su poder, tal y como supuestamente exigió Santos para poder comenzar la mesa pública de diálogos que se instalará en la ciudad de Quito.

Llama poderosamente la atención el hecho de que lo que se está perfeccionando es una suerte de intercambio. La guerrilla ha dicho que liberará solamente a dos secuestrados siempre y cuando el gobierno nombre a “dos gestores de paz”. ¿Qué significa esa figura de “gestores de paz”? La cúpula del Eln ya dijo que esperan que le gobierno conceda indulto contra dos de sus compañeros que están presos, lo que quiere decir que estamos frente a un canje de secuestrados por guerrilleros condenados.

Igualmente, no es cierto que el Eln vaya a liberar a todos los secuestrados antes de iniciar la fase pública de negociaciones. El cabecilla de esa organización calificada internacionalmente como terrorista, alias Pablo Beltrán, ha dicho públicamente que liberarán a dos secuestrados “como un gesto” de buena voluntad y que los demás recuperarán la libertad luego de que se instale la mesa.

¿Reabriendo la puerta del cielo?

A mediados de la década de los 90 del siglo pasado, la autoconformada “sociedad civil” se fue a Alemania a conversar con Eln. Dicho encuentro tuvo lugar en la ciudad de Maguncia, en  donde se firmó el denominado “acuerdo de la puerta del cielo” que generó bastante polémica.

En efecto, en dicho acuerdo los supuestos voceros de la sociedad colombiana acordaron con esa guerrilla un “alivio humanitario” que prohibía que personas menores de 18 años o mayores de 65 fueran secuestradas.

De aquel silogismo se concluyó que la “sociedad civil” estaba aceptando que el Eln pudiera secuestrar a personas cuyas edades oscilaran entre los 18 y los 65 años.

Lo que en su momento causó indignación en los colombianos, parece que volverá a retomarse durante el proceso con el Eln, pues en ninguna parte se habla de prohibición del secuestro, práctica que alias Pablo Beltrán ha defendido, asegurando con todo cinismo que “la guerrilla no se sostiene vendiendo estampitas”.

Ahora que el país ha podido conocer la existencia de más secuestrados en poder del Eln y que no está prevista su liberación, queda claro que Santos volvió a mentir cuando anunció que ponía como exigencia la suspensión del secuestro. Al aceptar una liberación a cuentagotas sin prohibir de manera expresa el secuestro, queda en el ambiente que el gobierno, por temor está permitiendo que el Eln siga plagiando a los colombianos.

La falta de claridad sobre lo que realmente haya negociado el gobierno con el Eln respecto de este delicado asunto obliga a exigir que el señor Mauricio Rodríguez, cuñado de Santos, quien fue la persona que actuó como jefe de la delegación y suscribió el documento con la guerrilla, salga a dar explicaciones públicas sobre lo que efectivamente acordó con los delegados de alias Gabino. Rodríguez tiene una insoslayable responsabilidad política y la debe asumir. El gobierno, por su parte, tiene que hacer públicos todos los documentos clandestinos que ha firmado con el Eln. El país tiene derecho a conocer cuál es la agenda, cuáles son los compromisos hasta ahora adquiridos y, sobre todo, cuál es la realidad sobre lo acordado frente al drama de los secuestrados.

@IrreverentesCol