Hoy el Cauca y Colombia atraviesan serias y profundas dificultades. Lo he manifestado en varias ocasiones en este espacio, y diversos analistas y entidades de corte nacional e internacional así lo registran.

Lo ocurrido el pasado fin de semana en Bogotá no es un hecho aislado, no. El atentado terrorista fue un acto repudiable visto desde cualquier orilla, pues no hay bombas buenas y bombas malas, aunque bueno, para algunos los crímenes de Farc fueron y son altruistas, pero eso es otro tema. Retomando. Lo sucedido fue un hecho conexo a la realidad y al día a día que vive hoy el país. Colombia atraviesa por una escalada del terror, así quieran negarlo o silenciarlo. Ese mismo fin de semana del atentado en la capital, en La Vega, Cauca, sujetos lanzaron un explosivo contra la vivienda del tesorero de ese municipio, causando –gracias a Dios- solo afectaciones materiales en esa y demás casas aledañas.

Algunos con el pecho inflado y los bolsillos llenos vociferan que Colombia está en paz, y tratan de vender ese discurso cargado de sofismas al público, perorata que el pueblo no cree, pues es el pueblo quien vive y quien sufre la falta de autoridad por parte de este gobierno.  Son los habitantes de Caldono quienes están cansados de la extorsión que deben pagar al brazo armado de Farc; es la comunidad de Miranda quien rechaza el hecho de que señores de Farc se paseen por las calles de su municipio bebiendo y haciendo su voluntad sin que nadie pueda siquiera chistear; son los habitantes de Morales, quienes sienten temor por la presencia de más de 200 hombres fuertemente armados quienes rodean el municipio y “decretan” toques de queda; es el pueblo de La Vega, quien ya no soporta la zozobra de que en cualquier instante puede estallar un petardo o una granada en su local o vivienda, tal como le ocurrió al tesorero.

Esa es la realidad de hoy, y no solo la del Cauca, sino también la de las demás regiones del país. Los anteriores son tan solo unos poquitos ejemplos que resaltan sobre la mesa. Pero claro, ciertos sectores prefieren que no se denuncien tales hechos, prefieren que reine el silencio cómplice o se opte por mostrar otra “realidad”, una que surja del imaginario del cogobierno que hoy se tiene en la Casa de Nariño.

La Colombia de hoy es el resultado de un gobierno y una Unidad Nacional que se dedicó a saciar los antojos de Farc. Un gobierno y una Unidad Nacional que se esmera por cumplir los caprichos u órdenes de Timo o Santrich, desatendiendo los justos reclamos del pueblo. Un gobierno y una Unidad Nacional que sacrificó la moral de nuestra Fuerza Pública con tal de elevar la soberbia y el cinismo del terrorismo. Esas preferencias el pueblo colombiano no las olvidará jamás.

El panorama actual es de obscuridad, por ello la elecciones del 18 son vitales para que la libertad y el orden prevalezcan nuevamente, o, por el contrario, el terror, el populismo y la extrema izquierda prosperen.

@AndresSaavedra_

Publicado: junio 22 de 2017