Un viejo ensayo del académico Fernando Mires intitulado ‘Recuerdos de Venezuela’, describe la insólita degradación física de la ciudad de Caracas, resultado de la administración socialcomunista.

El alcalde Quintero pareciera querer recorrer el mismo camino de la infeliz capital venezolana. Mires narra que al volver a Caracas después de un año, vio a un mandatario (Chávez) omnipresente. Retratos del dictador por todas partes. Y un denominador común: la suciedad. “Basura pestilente acumulada a lo largo del camino, y después en las calles de la ciudad. ‘Hay mucha basura’, le dije al taxista. ‘Viene de arriba’ me respondió ‘arrecho’. No opinaba de los cerros. Viene del poder, del Estado. Recordé una frase, creo que es de Lefevre: El rostro del poder se refleja siempre en las calles de la ciudad”.

Mires escribió luego un párrafo sobre Caracas, brillante, estremecedor, que bien podría aplicarse en retrospectiva a la alcaldía de Petro y en perspectiva a alcaldía de Quintero o a una posible y tenebrosa presidencia socialcomunista: “¿Es tan difícil limpiar una ciudad? Con los recursos que maneja el gobierno sería sólo cosa de días. ‘Con una centésima parte de lo que regala este gobierno a Bolivia o a Nicaragua, podrían limpiarse todas las ciudades del país’ –me aseguró el taxista. ¿Y por qué no lo hace? -pregunté. ‘A ellos no les interesa la limpieza’, me contestó: ‘Ellos dicen que están haciendo una revolución, y las revoluciones nunca han sido limpias’. Cerré los ojos y me acordé de aquellos años, cuando en Chile yo pensaba, que también estábamos haciendo una revolución. Probablemente las calles estaban entonces igual de sucias. Pero, nosotros, los “revolucionarios”, no nos dábamos cuenta. “No teníamos tiempo”. Porque vivir en revolución, es vivir en un permanente estado de excepción. El tiempo de toda revolución es mesiánico. Y como en todo mesianismo, el presente es una dimensión muy débil.

El tiempo de toda revolución está en el futuro, no aquí, o acá. “Vivimos en un momento en que la sociedad nueva está naciendo, y la vieja no acaba de morir”, escuché decir después al Presidente Chávez, citando a Gramsci. Exacto, el pasado está muriendo, el futuro está naciendo y el presente no está en ninguna parte. La revolución oculta al presente. Lo esconde, ¿dónde?, quizás el presente está debajo de la basura acumulada, pensé””.

A Medellín la han llamado “la tacita de plata” y “ciudad de la eterna primavera”. Si algún fundamento tuvieron esas expresiones tan elogiosas, fue su excelso manejo de las zonas verdes. Si un visitante como Mires viaja a la capital antioqueña, en vez de la basura de Caracas, observará árboles y oirá pájaros. Uno de los secretos de éxito: cero clientelismo y politiquería (corrupción, en síntesis) en la contratación. Todo lo maneja (¿manejaba?) otra institución ejemplar, el Jardín Botánico, fundación en la que han trabajado de la mano, desde 1910, el municipio, los empresarios y la ciudadanía.

Quintero no quiere que las cosas sigan bien. La denuncia de la revista Semana es que un concejal, Daniel Duque, descubrió que el Fondo con el que se pagaba al Jardín Botánico su magnífica gestión, pasó a ser administrado por una empresa sin experiencia. Bernardo Alejandro Guerra, ex concejal de Medellín, resumió en un trino las dudas generalizadas: “¿Cómo logran las empresas de la esposa e hija de Asdrubal Vélez ejecutar contrato de mantenimiento de zonas verdes por cuatro mil millones de pesos en solo el mes de diciembre de 2020?”.

El concejal Daniel Duque (quien tiene suspendidos sus derechos como concejal por decisión de la directiva nacional de la Alianza Verde, partidaria del alcalde Quintero) descubrió que la plata que manejaba el Jardín Botánico, ahora la maneja la Reforestadora El Líbano. Esa empresa está representada por Luz Elena Henao, esposa de un jefe liberal de Andes, Asdrúbal Vélez, y madre de Stiven Vélez, concejal liberal de Andes y socio político del diputado Luis Carlos Ochoa.

El concejal Duque resume así lo que está pasando: “La Alcaldía está desfinanciando al Jardín Botánico. ¿Y a dónde van estos recursos? A contratistas cercanos al Partido Liberal y elegidos sin clara justificación”. A que antes de adjudicar el contrato a Reforestadora El Líbano, Metroparques simuló invitar a otras dos empresas a participar en el proceso. Duque tiene pruebas de que las tres empresas invitadas son “distintas” pero lo mismo: 1. Reforestadora El Líbano, representante legal, Luz Helena Henao -esposa de Asdrúbal y madre del concejal Stiven Vélez.  2. Construgeo, representante legal, Carolina Vélez, hija de Asdrúbal. 3. MasCampo, representante suplente, Yuliana Henao, cuñada de Asdrúbal, hermana de Luz Helena y tía de Carolina Vélez.

¿Entró Medellín en la senda recorrida por la infeliz Caracas? Muchos piensan que sí.  Procuraduría y Personería están al tanto de lo que ocurre. Esperemos a ver si frenan el desgreño y la corrupción.

@IrreverentesCol

Publicado: marzo 18 de 2021