Si hay algo irrefutable es que el porvenir de un país está estrechamente ligado al bienestar de su niñez. Un niño bien alimentado, cuidado, querido y educado tendrá más posibilidades de ser un adulto decente y productivo, dos cualidades necesarias para garantizar una sociedad armónica. A contrario sensu un niño que ha sido maltratado y abusado y que no ha gozado de la protección de aquellos que por naturaleza están llamados a hacerlo, será un adulto traumatizado que probablemente repetirá el mismo ciclo de violencia que deteriora la fibra social.

Nuestro país está pasando por una crisis en torno a su niñez. Nos bombardean a diario con noticias escalofriantes de niños asesinados, violentados sexualmente, secuestrados, maltratados, abandonados a su suerte y en algunos casos víctimas de la corrupción como cuando les dan una alimentación escolar indigna e inclusive en estado de descomposición. Lo más lamentable es que aun cuando legalmente los niños gozan de una especial protección que eleva sus derechos por encima del resto de los demás, en la práctica, salvo contados casos, sus victimarios terminan gozando de impunidad. Algunos de los ejemplos más claros de victimarios impunes se encuentran cómodamente sentados en sus curules en el Congreso. 

El 4 de diciembre de 2016 el secuestro, violación y asesinato de la niña Yuliana Samboní nos estremeció no solo por la naturaleza horrenda del crimen si no porque los medios de comunicación se encargaron de hacernos vivir el segundo a segundo del hecho tal vez porque el asesino resultó ser un arquitecto de estrato 6 y la noticia cambió de matiz. Todos sabemos que en Colombia hay centenares de Yulianas cuyos crímenes son igual de escalofriantes y aterradores pero que no tienen el eco mediático que se merecen porque las circunstancias del victimario son distintas. Es así que vemos que el caso del secuestro del niño Cristo José gozó de una difusión mediática que muy seguramente presionó a sus secuestradores y a las autoridades para que actuaran de manera más eficaz mientras que, al tiempo, el secuestro del niño Alberto Cardona cuyo padre fue asesinado a tiros en inmediaciones de la Sierra Nevada, pasó inadvertido durante varios días. Los crímenes que se comenten en contra de nuestros niños deberían tener la misma categoría e importancia. No puede ser que las recompensas varíen según el caso dependiendo de una importancia que no existe. Todos los niños son iguales. 

Este sábado 20 de octubre se va a llevar a cabo una gran marcha con el objetivo de concientizar a la sociedad sobre la precaria situación en la que se encuentran nuestros niños en Colombia. Por el futuro de nuestro país los invito a unirse a esta convocatoria. 

 

@ANIABELLO_R

Publicado: octubre 19 de 2018