Saben que es difícil, casi imposible ganarle en franca lid democrática y por eso se han dado a la tarea de sacarlo de la política al precio que sea. Atentados le han hecho en cantidades alarmantes. Cuando era candidato presidencial y como presidente de la República, sus enemigos, que no son pocos, se emplearon a fondo para acabar con su vida. No lo lograron.

Paralelamente a los atentados terroristas, se planearon y pusieron en marcha campañas de desprestigio. Como no les fue fácil eliminarlo, entonces recurrieron a la infamia ruin para destruirlo políticamente.

Lo que se ha visto en estos 5 meses del año, es una muestra de la violencia y de lo que son capaces de hacer los enemigos de Uribe que empezaron acusándolo de haber violado a una periodista. Cuando aquella sindicación enfermiza no tuvo efecto ninguno, procedieron a vincularlo con la empresa británica Cambridge Analytica, sugiriendo que él se concentraba en la manipulación de ciudadanos a través de las redes sociales. Una farsa que se cae por su propio peso. Aliados y rivales políticos de Uribe reconocen en él una inagotable capacidad proselitista que no necesita de estrategias sofisticadas y tramposas como las que trazaba esa compañía que en realidad estuvo muy cerca de la campaña chavista de Gustavo Petro.

Mientras siga vivo, Uribe marcará la pauta de la política en Colombia. Sus opositores giran alrededor suyo. Él, desde su cuenta de Twitter, fija la agenda nacional. El ejemplo más claro es la forma como desde su red social lideró una muy eficaz oposición al gobierno tramposo de Juan Manuel Santos.

Seguramente llegará el día en el que el presidente Uribe resuelva retirarse para gozar de un merecido descanso, luego de más de 35 años de ininterrumpida brega política, pero mientras eso sucede, su papel en la vida pública nacional será de primerísimo lugar.

Y esa es la realidad que ha motivado, una vez más, a planear su asesinato, tal y como lo reveló el propio presidente Uribe a través de un comunicado en el que narró cómo el director de la denominada agencia nacional de inteligencia, el coronel Juan Carlos Rico le entregó información sobre “un posible atentado en mi contra, en el cual estarían involucrados criminales locales y extranjeros”.

Uribe, en su comunicado agradece a la Fuerza Pública por la protección que recibe, pero lo cierto es que a lo largo de este gobierno su esquema de seguridad ha sido reducido de forma preocupante. Si hay alguien amenazado en Colombia, ese es Álvaro Uribe, razón por la que no se entiende por qué el gobierno, que le ha asignado escoltas y carros blindados a personas que no los necesitan, como Roberto Prieto, ha reducido la seguridad del jefe de la oposición en Colombia.

Uno de los grandes avances de la seguridad democrática fue, precisamente, el haberle garantizado a todos los ciudadanos, sin importar las inclinaciones ideológicas la seguridad para desarrollar sus actividades políticas. No en vano, fue durante los 8 años de gobierno de Uribe que la izquierda, reunida en el denominado polo democrático, pudo consolidarse por primera vez en la historia nacional como un partido político con amplia representación, empezando por haber tenido la oportunidad de gobernar a la capital del país a lo largo de 12 años.

La seguridad del jefe del Centro Democrático está en manos del gobierno. Para nadie es un secreto que Uribe le resulta incómodo a Santos quien ha tratado de evitar la victoria uribista en las próximas elecciones, urdiendo toda suerte de tramoyas y complots. Por el bien de nuestra democracia y por la estabilidad de nuestro país, más vale que el gobierno haga todo y un poco más para garantizar la vida del presidente Uribe.

@IrreverentesCol

Publicado: mayo 8 de 2018