Muy graves las amenazas de muerte contra el dibujante pereirano Julio Cesar González, conocido con el alias de Matador. En una democracia, las diferencias deben dirimirse a través de los canales de la civilidad y no del constreñimiento.

Matador es libre de pensar como quiera y de dibujar lo que le venga en gana. Del mismo modo como él puede expresar sus ideas, así lo haga de manera ofensiva, quienes no compartan su criterio tienen el derecho de controvertirlo, pero sin caer en la bajeza de recurrir a amenazas de muerte.

En una reciente publicación en sus redes sociales, Matador aseveró que “ante las amenazas de muerte de algunos seguidores del uribismo y del Centro Democrático, he decidido no volver a publicar nada en mis redes sociales. Si quieren venir por mí, no tengo escoltas ni nada… Tengo un lápiz y mi cerebro…”.

Le corresponderá al caricaturista aclarar exactamente quiénes son esas personas que siguen al uribismo y al CD que en criterio suyo lo están amenazando. La denuncia no puede hacerse de forma generalizada, porque está poniendo a millones de militantes del Centro Democrático en el mismo nivel. Una denuncia del tenor de la elevada por Matador, no deja de ser temeraria y muy oportuna en estos tiempos de campaña política en la que la guerra sucia contra el uribismo es ostensible.

Es evidente que lo de ese dibujante es un berrinche efectista. Más temprano que tarde volverá a introducirse en el barro de las redes sociales para continuar ofendiendo a los ciudadanos que sienten simpatía por las ideas del uribismo. Lo de él es la desinformación, tal y como hizo durante la Semana Santa, cuando de manera ruin puso a circular un montaje en el que se utilizó la voz del candidato Iván Duque para sindicar al presidente Uribe de un sinnúmero de crímenes.

Si alguien ha amenazado a Matador, independientemente de su filiación partidista, las autoridades deben actuar e imponer las sanciones a que haya lugar. Como también deben investigar y sancionar las incitaciones al odio y a la violencia que se hacen en contra de los uribistas. El propio Matador ha dicho que hay que “silenciar” al presidente Uribe o hacerle una “eutanasia” al exprocurador Alejandro Ordóñez.

El debate debe ser con ideas y no con improperios ni alentando a la violencia. La contienda debe estar signada por las propuestas y los argumentos y no por la humillaciones ni las burlas por la apariencia física de las personas, cosa que hace muy a menudo el dibujante en cuestión.

Lo que sí resulta inadmisible es que se sindique a todo un colectivo por dichas amenazas. Son muchos los uribistas que sienten repulsión por las caricaturas de Matador y la forma de manifestar su desacuerdo es ignorándolas. Otros, las controvierten con argumentos y a otros más –la gran mayoría- éstas los tiene sin cuidado alguno.

En cuanto al partido, la respuesta que otorgó el presidente Uribe, no deja espacio para las interpretaciones: “Con Matador se puede discutir, tiene el mérito de haber desautorizado el falso video, a diferencia de quienes nunca rectifican a pesar de lo obvio. Que se lancen argumentos, cero violencia, cero odio de clases”.

El balón queda en el terreno de la justicia. Que se determine si efectivamente se ha amenazado de muerte al dibujante. En caso de que así haya sido, entonces debe procederse a individualizar a los responsables sobre quienes debe caer todo el peso de la ley. Que no exista el menor espacio para las dudas: los uribistas son personas tolerantes, abiertas al debate, combatientes de las ideas y enemigos de la violencia.

@IrreverentesCol

Publicado: abril 4 de 2018