La representación política en Colombia está evidentemente mal calculada, empezando por la exótica figura de la circunscripción nacional para la elección e integración del Senado de la República. Desde que se incorporó ese procedimiento en 1991 -que no se aplica en ningún otro lugar del planeta-, hay departamentos de nuestro país que no han tenido -y posiblemente nunca tendrán- al menos un senador mientras que, por citar un ejemplo, el Atlántico tiene 14, Antioquia 12 y Córdoba 5.

En términos generales, la representación debe ser proporcional al número de personas que habitan en un distrito electoral. Primera falencia del sistema colombiano: la inexistencia de distritos electorales.

El profesor alemán Dieter Nohlen es uno de los más respetados expertos en lo que se refiere a los sistemas electorales y los partidos políticos. En criterio suyo, “la igualdad de los votos -un principio universal estrechamente vinculado con la existencia del sufragio universal- se logra cuando cada escaño representa la misma cantidad de habitantes en todo el territorio electoral”.

Ahora bien, es cierto que el equilibrio perfecto es muy difícil de alcanzar, por cuenta de las disparidades entre el tamaño de ciertas zonas y la baja densidad poblacional. Amazonas y Vichada, por ejemplo, son los dos departamentos más extensos de Colombia, con 109 mil y 100 mil kilómetros cuadrados, respectivamente. Pero, a su vez, tienen una muy baja densidad poblacional: 74 mil habitantes en Amazonas y 68 en Vichada.

Aquello, solo permite que cada uno de esos departamentos solo tenga dos representantes a la Cámara y nunca -desde que existe la circunscripción nacional- hayan tenido representación en el Senado.

El paso del tiempo, ha demostrado que el bicameralismo, tal y como está creado en Colombia, está mandado a recoger. El sistema de dos cámaras es útil, cuando hay una separación de funciones, cosa que no sucede en nuestro país. 

En Estados Unidos, el bicameralismo es esencial, porque gracias a aquel sistema de representación, se logra un equilibrio -en democracia nada es perfecto- entre la población y el territorio. En el Senado, se garantiza la representación paritaria de los 50 estados, al margen de su tamaño y demografía -2 senadores por estado- y la Cámara –House-­ que actualmente tiene 435 escaños asegura la representación ciudadana, de acuerdo a la población de los distritos electorales.

Un sector del Centro Democrático ha propuesto la reducción del Congreso, como una medida de austeridad en tiempos de dificultad económica como consecuencia de la devastadora pandemia. 

La justificación tiene un insoportable tufo demagógico, que desnaturaliza la pertinencia de la propuesta. Colombia está en mora de darle una revisión integral a su sistema electoral para efectos de garantizar una verdadera representación política, equilibrada y, por supuesto, con mucho menos integrantes en el Congreso. 

La iniciativa no puede estar limitada a la discusión inane sobre el número de curules. Se trata de crear, con el censo a la mano, distritos electorales y analizar los pros y contras de continuar con el modelo bicameral. Bien podría evaluarse la posibilidad de eliminar las Asambleas Departamentales -cuerpos colegiados onerosos y sin trascendencia ninguna para la vida en democracia- y otorgarle todas las tareas relacionadas con los departamentos a la Cámara de Representantes, dejando en manos del Senado los asuntos del orden nacional. 

El senador del CD, José Obdulio Gaviria, le dijo a este portal que “soñaría con que en los restantes 27 meses del actual período se pudiera dejar una reforma estructural del congreso, pero dudo que haya condiciones para debatirla. ¿Creen que un congreso cuya oposición la dirigen Petro y sus humanos y el senador Biojó y sus colegas de las FARC vaya a entrar en semejantes honduras? Yo no lo creo, no siento ambiente. Que quede para futuras camadas parlamentarias tener un verdadero congreso, con una Cámara elegida en circunscripciones racionales (200 mil ciudadanos, más o menos, eligen a cada representante) y un senado pequeño que reúna a los departamentos, que haga segunda lectura o enmienda de los proyectos, confirme e interpele al gabinete, elija funcionarios, cumpla las funciones judiciales del congreso. Que la política, con mayúscula, se haga en la Cámara de diputados o representantes y punto”, concluyó.    

La duda que persiste hace relación con el momento en que ha sido lanzada esta importante propuesta. ¿El país tiene el ánimo de enfrascarse en ese debate en este momento de depresión nacional? Tal vez la crisis del coronavirus, sea el momento indicado para, además de hacer replanteamientos de fondo en materia de salud y de prevención, sentarse a hacer los necesarios ajustes que demanda nuestro anquilosado régimen político. 

@IrreverentesCol

Publicado: abril 20 de 2020